"Un campanazo que resonó toda la semana"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 24 febrero de 2018

Había que salirle al cruce al desorden en materia de tratamientos fitosanitarios, donde algunos municipios decidieron fijar distancias arbitrarias para las aplicaciones de agroquímicos en zonas periurbanas. El efecto contagio, respondiendo a cuestiones emocionales y sin base científica alguna, estaba poniendo en jaque a la producción agropecuaria, inhibiendo la posibilidad de controlar eficientemente plagas y enfermedades de los cultivos.

La resolución conjunta del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable y el Ministerio de Agroindustria, destinada a crear una normativa que sea adoptada por todas las provincias y municipios, crea una instancia clave para establecer la prevalencia de principios técnicos. Hasta ahora, cada municipio aplicaba su propio criterio. Ahora aparece el Estado cumpliendo su papel primordial: armonizar los intereses de la comunidad facilitando el diálogo, aportando racionalidad y haciendo prevalecer el principio científico. Fue muy bueno que el propio ministro de Ambiente, el rabino Sergio Bergman, fuera quien más enfatizara en este último aspecto.

Hay una imagen que se renueva todos los años. Soy fanático del ciclismo, y sigo con fervor el Tour de France, cada vez mejor televisado. Cuando el pelotón atraviesa la hermosísima campiña, con los lotes de trigo color de oro listos para cosechar (se corre en julio), llama la atención cómo los cultivos llegan hasta el borde de los pueblos. Podría pensarse que se trata de cultivos orgánicos, donde no se hacen tratamientos fitosanitarios. Nada que ver: se ven claramente las huellas (“tramlines”) de las pulverizadoras.

No hay que esperar el próximo tour de France. Hoy las puede ver en cualquier momento desde el Google Earth. Un día hice la cuenta: hay un pueblo a 3 km del otro. Si ponen un límite de mil metros como zona buffer, no quedaría superficie para producir alimentos. Y Francia es el país donde nació el movimiento verde, con el líder de la rebelión estudiantil de mayo de 1968 Daniel Cohn Bendit, devenido luego en dirigente ecologista.

En la Argentina, hace años que dentro de la vanguardia agropecuaria se amasa la idea de las Buenas Prácticas Agrícolas. No surgió como respuesta a los verdes. Fue un brote interior, en la saga de la siembra directa, el cuidado del suelo y el ambiente. Precisamente la semana pasada, uno de los pioneros en la certificación de BPA, Santiago Lorenzatti –mucho tiempo fue colaborador en estas páginas--, recibió una merecida distinción por esa gestión. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires armó una movida muy fuerte, que culmina con su ya clásica Maratón de las Buenas Prácticas Agrícolas, donde corren urbanos y rurales.

Desde las entidades que representan a los proveedores de agroquímicos, como Casafe (que saludó fervorosamente la iniciativa de los dos ministerios), se viene trabajando en la misma dirección: fuertes campañas para el manejo de los envases, con el triple lavado y la deposición final.

Algunas empresas fueron más allá. La Asociación de Cooperativas Argentinas inauguró hace pocos meses una planta de reciclado de plásticos, en Cañada de Gómez. Arrancó procesando silobolsas usados, pero está en la mira el reciclado de bidones de agroquímicos. Precisamente en el mismo acto en que se lanzó la coordinación entre los dos ministerios, el de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, anunció la reglamentación de la ley de envases. Ahora ACA tendrá vía libre para convertir el problema de los bidones en una oportunidad, convirtiéndolos en grumo de termoplásticos que pueden destinarse a una amplia gama de productos. Así, la organización cooperativa cierra el circuito, ya que son proveedores tanto de bolsones como de agroquímicos, en ambos casos de su propia manufactura.

Vamos bien.

 

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