"La magia del agua: Perú convierte el desierto en un oasis"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 30 de mayo del 2020

Con una obra monumental, desviaron el curso de un río para irrigar un arenal tropical y transformarlo en una pujante zona productiva que ya emplea a 3.000 personas.

 

Para quienes tenemos el hábito de conmovernos con las grandes epopeyas agrícolas, quiero compartir esto que está sucediendo ahora en Perú. En pleno desierto, 800 km al norte de la ciudad de Lima, entre el mar y la cordillera y casi a la altura del ecuador (paralelo 6°) se está convirtiendo un inmenso arenal inerte en un oasis donde pululan los círculos verdes. Y también los cuadrados. La magia del agua.Pero el “Proyecto Olmos” no fue magia. Con epicentro en Lambayeque, ya tomó vuelo una ambiciosa e imaginativa iniciativa que se desencadenó hace apenas cinco años. Lo que se hizo es, básicamente, desviar las aguas del río Huantabanda, que arranca en la Cordillera de los Andes y pertenece a la cuenca del Marañón, (que a su vez desemboca en el Amazonas, corriendo de oeste a este). Se hizo una represa para acumular agua durante la época de lluvias. Y se cavó un túnel a 2.000 metros de profundidad a través de la montaña, para cambiar el rumbo del agua.

El arenal tropical entre el mar y la cordillera, se transformó en un bergel.

Luego, un canal de 20 km vierte el agua en el río Olmos, que pone rumbo al oeste, hacia el Pacífico. En su estado natural, este río llevaba agua de lluvia un par de meses por año. Diez meses permanecía seco. Ahora tiene caudal todo el año.

Este río colecta el agua y la lleva a una bocatoma donde se desvía y recorre 75 km de canales a cielo abierto, de cemento en V, hasta llegar a la represa de Palo Verde. Es un gigantesco tajamar en las alturas, desde donde el agua se conduce por gravedad a un valle de 30.000 hectáreas. Ese es el valle donde nacieron las Tierras Nuevas.

La palta Hass es otro de los productos cultivados especialmente para la exportación.

Ahí hay 15 empresas, entre extranjeras y peruanas, que apostaron al proyecto. En una de ellas el gerente es un ingeniero agrónomo argentino, Marcos Pincemín, deslumbrado por el potencial del desierto tropical, “donde el día dura doce horas todos los días del año, las temperaturas mínimas son de 12 grados y las máximas en verano de 36°; pero en invierno las mínimas son de 6 y las máximas de 28. En estas condiciones, todo crece haciendo ruido…” Marcos tiene 41 años. Cuando terminó su carrera en la UBA en el 2005 se fue a vivir a Posadas, trabajando en la actividad forestal, en cultivos intensivos y en sistemas silvopastoriles. Allí se vinculó con una compañía extranjera involucrada con la stevia. Pero la empresa se retiró cuando llegó la ley de extranjerización de la tierra. Entonces se fueron a Perú y lo convocaron para ofrecerle la gerencia agrícola.

Marcos Pincemín, ingeniero agrónomo argentino al que convocaron en 2014


Allí llegó en 2014. “En estos seis años llevamos plantadas 700 hectáreas de palta Fas, 300 de uva de mesa seedless (sin semilla) y 150 de arándanos convencionales y otras 100 de orgánicos”, cuenta. Además están ensayando con kiwi, cacao, banano, frambuesa y toda una parafernalia de alternativas corriendo por la cañería.

“La verdad que no tenía mucha experiencia en regar en el desierto. Cuando llegué, me pareció como demasiado desafiante. Pero de pronto me veo manejando una estructura de 3.000 personas todo el año, toda gente local que viene de pueblos a la redonda. El proyecto tiene un impacto económico y social enorme en la región”, sostiene. Entre todas las empresas, ya trabajan 30.000 personas en forma directa.

Se está construyendo una infraestructura tremenda, incluyendo una ciudad que ocupa 700 hectáreas del desierto, con cloacas, electrificación, agua potable. Se va a licitar la construcción de viviendas, un sector industrial, shopping, etc. Es una iniciativa público-privada. La inversión en el sistema de captación del agua y el riego la hicieron entre la empresa brasileña Odebrecht (70%) y el gobierno peruano (30%). Costó 300 millones de dólares.

El clima y el ambiente permiten avanzar muy rápido, los arándanos tardan sólo un año en estar en producción.

Después vino la inversión de las empresas productivas, entre las que está el grupo peruano Gloria, que tiene intereses también en la Argentina. Aquí explotaban un ingenio azucarero pero se retiraron, agotados por los conflictos gremiales. En el Proyecto Olmos tienen 11.800 hectáreas de caña, todo con riego por pivotes, y han levantado un ingenio de última generación.

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"La nueva esperanza contra el Covid-19 viene de una planta genéticamente modificada"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 23 de mayo de 2020

 

Se trata de una vacuna obtenida a través de la modificación genética del tabaco que ya fue aprobada para comenzar ensayos en seres humanos.

 

British American Tobacco tiene 55.000 empleados en todo el mundo y es la propietaria de algunas de las marcas más importantes de cigarrillos, como Lucky Strike, Pall Mall y Dunhill

British American Tobacco (BAT) anunció esta semana que iniciará la fase 1 de su vacuna contra el Covid-19 el mes próximo. Ya cuenta con la aprobación de la FDA (la agencia de medicamentos de Estados Unidos) para iniciar los ensayos en seres humanos. La noticia es de enorme trascendencia, no solo porque es la primera vacuna en llegar, en medio de la búsqueda vertiginosa por encontrar la protección contra el coronavirus. Pero tiene otro aspecto relevante: fue obtenida a través de la modificación genética del tabaco. Por eso nos ocupamos de ella hoy en Clarín Rural.

Lo que hizo la mayor tabacalera del mundo, cuyas acciones vienen perdiendo fuerza por las campañas anti-cigarrillo, fue un muy elegante salto al futuro. En pocas horas pasó de villano a héroe, y el mercado se lo reconoció. La acción venía en picada desde que se desencadenó la pandemia, sobre todo cuando eclosionó en Nueva York. Cotizaba a casi 50 dólares y había bajado a 27 el 30 de marzo.

Al día siguiente anunciaron que contaban con la vacuna, y el papel (no el del cigarrillo…) dio un respingo. Subió un 40% de inmediato y ahí se sostuvo hasta que el miércoles pegó otro salto, cuando confirmaron que desde fines de junio dispondrían de un millón de dosis por semana. Es la nada misma frente a una pandemia que requerirá miles de millones de dosis, pero como dicen los chinos, un camino de mil millas se inicia con un primer paso.

Más allá del impacto favorable que la noticia genera para BAT, que tiene 55.000 empleados en todo el mundo y es la propietaria de algunas de las marcas más importantes de cigarrillos, como Lucky Strike, Pall Mall y Dunhill, lo más interesante es que resalta las posibilidades de la modificación genética, utilizando las plantas como vehículos para generar solucionesque van más allá de la producción de alimentos y bioenergía.

Estamos ahora ante la oportunidad de remarcar que la biotecnología es una herramienta que no solo le sirve al productor para mejorar sus rindes o reducir sus costos. Una muletilla que utilizaron algunos para demonizar a las semillas modificadas genéticamente, hasta llegar a trabar su ingreso a algunos mercados. Entre ellos, los de varios países europeos. Conviene recordar que BAT tiene su sede en Londres, aunque el desarrollo de la vacuna se hizo en Kentucky, centro tabacalero de los EEUU.

Así que ahora la vacuna que se va a inyectar a millones de seres humanos proviene de una planta GMO. La poderosa empresa, que a pesar de la obsolescencia del negocio del cigarrillo vale más que la General Motors y la Ford juntas (aunque la mitad que Tesla, ya la segunda automotriz del mundo detrás de Toyota), tendrá que salir a respaldar a la maravillosa herramienta de la biotecnología.

Nos viene bárbaro. La Argentina abrazó con fuerza a las semillas transgénicas, base de la expansión agrícola de la Segunda Revolución de las Pampas. Se basó fundamentalmente en eventos biotecnológicos desarrollados por compañías con enorme musculatura en investigación y desarrollo. Pero al mismo tiempo fue capaz de generar sus propios eventos, como el HB4 de tolerancia a la sequía para soja y trigo que logró Bioceres, o el de Tecnoplant para resistencia a virus en papa.

Así que ahora podremos sacar pecho. Chau el cuentito tecnofóbico, que hizo claudicar a algunos funcionarios cuando le pusieron el pie a la puerta giratoria de nuestra capacidad científica y tecnológica. Supimos hacer punta en los 90, cuando el actual canciller Felipe Solá liberó la soja RR, asumiendo el riesgo de que se lo acusara de defender los intereses de la desaparecida Monsanto. Su decisión significó mucho más que pasar de 15 a 60 millones de toneladas de soja. Fue el hito fundacional de un proceso que hizo de la Argentina un país viable, a pesar de nuestras propias pialadas.

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"Coronavirus: gente trabajando, en el mundo que sigue andando"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 1 de mayo del 2020

Sudamérica es la gran base productiva, en plena expansión, que hoy provee alimentos a todo el planeta. Vida inteligente en Argentina, para una agenda-país.

Las actividades a campo continuaron sus procesos estacionales, al ritmo de la biología, y con el fin de abastecer a los consumidores.

Podrido de la cuarentena, seguro. Yo también. Pero... me pongo mejor cuando corro un poquito el velo del coronavirus y veo un mundo que sigue andando. Es cierto: nada va a ser igual. Pero la brújula funciona por magnetismo y sabe marcar el rumbo en la penumbra. Con el permiso del caso, voy a intentarlo.

Hay una mala costumbre de la humanidad. Comer. Antes de la pandemia, ya no se alimentaba con proteínas, hidratos de carbono, lípidos y vitaminas. Esas sustancias venían camufladas en otros envases.Colores, aromas y sabores, como decía el Negro Ordóñez hace veinte años. Y yo le agregaba: y además, historia, geografía, cultura, variedad de origen, habilidad culinaria, arquitectura, indumentaria, moda, comunicación. Desde el Champagne de Eperney al Malbec de Luján de Cuyo o el Pinotage sudafricano, del Pisco Chileno (o peruano, no se ofendan) al Whisky escocés, desde la carne Kobe al Novillo Argentino, Salud. El de la larga fama.

En el camino, todos los ingredientes y los recursos básicos para obtenerlos. Sudamérica es la gran base productiva, en plena expansión, que hoy provee a todo el mundo. Como el maravilloso maíz, que los aztecas cultivaban cerca de su centro cultural y religioso, Tenochtitlán, obteniendo una alta producción y fertilidad. Ellos desarrollaron las "Chinampas", franjas rectangulares con estrechos canales con aguas del lago Texcoco.

Bueno, este año Argentina y Brasil (juntos) están prácticamente duplicando las exportaciones de maíz de los Estados Unidos, hasta hace muy poco dueño exclusivo del mercado internacional. El maíz es el paradigma de alimento, energía y salud: grano para consumo humano directo, pero base imbatible para la alimentación de todo bicho que camina y va a parar al asador. Energía renovable, a través de la fermentación alcohólica, la misma con la que los incas hacían la chicha. Yo le beso las manos al Inca Viracocha, “que inventó el maíz y enseñó su cultivo”.

Alcohol… ¿les suena? La prevención del coronavirus. Alcohol en gel, que se hace mezclando etanol con glicerina. Argentina es el mayor exportador mundial de glicerina refinada, partiendo del co-producto de la transformación del aceite en biodiesel. Combustible renovable, como el etanol.

Y el aceite viene de la soja, y es solo el 18%. El 80% restante es alimento. El novillo de Kobe come harina de soja argentina, como el salmón noruego, el del Puerto Montt, o las 20 millones de toneladas de pescados y mariscos que producen las estaciones de acuacultura en la República Popular China. O sus cerdos, y no les alcanza. Ya están retomando las importaciones de carne vacuna, donde también Brasil y Argentina, más Uruguay y Paraguay, son sus grandes abastecedores.

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"Compromiso y responsabilidad del agro"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 21 de marzo de 2020

Para el campo y la agroindustria, entonces, esta exención que hizo el presidente fernández no es un privilegio. Es, ante todo, un compromiso.

 

Las "Industrias de alimentación, su cadena productiva e insumos” y "las actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización agropecuaria y de pesca” quedaron exentas del decreto de necesidad urgencia 297/2020, que impuso el aislamiento social preventivo y obligatorio como estrategia para frenar al coronavirus. También se eximió a las actividades vinculadas con el comercio exterior.

 

Antes, el presidente Alberto Fernández había planteado que estamos en guerra contra un enemigo invisible. No conozco mucho del arte militar, pero he escuchado alguna vez que en cualquier guerra lo fundamental es la cadena de suministros. Un amigo, que sí sabe de esto, me recordó que en la Primera Guerra Mundial, Francia tuvo más muertos de hambre que de balas. Esa fue la base del proteccionismo a su sector agrícola, que luego se extendió a toda Europa, hasta hipertrofiarse luego de la Segunda Guerra.Para el campo y la agroindustria, entonces, esta exención no es un privilegio. Es, ante todo, un compromiso. Surge de la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria. No solo la de los argentinos, que consumen sólo el 10% de los alimentos que el país produce. La Argentina juega un papel relevante en la provisión de granos, proteínas vegetales y animales, e insumos nutricionales básicos para 400 millones de habitantes. No es cuestión de plata, solamente, aunque también hacen falta los recursos económicos, en la guerra más que en la paz.El compromiso tiene varias vertientes y derivaciones. Primero, la responsabilidad de producir más y mejor, como se pueda. Ya conocemos las restricciones económicas. Ya sabemos que hay (me gustaría decir “hubo”) mucha bronca. No es el momento de destilarla. La Mesa de Enlace, reconocida por todo el mundo como la conducción natural, ofreció su colaboración. Saludo la actitud, la semana pasada estábamos al borde de una fractura peligrosa.

El segundo compromiso es cuidarse entre todos los que están involucrados con la actividad. Mucho cuidado, porque la exención al aislamiento no implica libertinaje de movimientos. Hay que restringirlos a lo necesario. Hay mucha gente vinculada al agro, en forma directa e indirecta. Nos ufanamos de ello como punto a favor del sector. Entonces, que haya salvoconductos para todos, agrónomos, veterinarios, contratistas, camioneros, no significa que podemos hacer cualquier cosa.

Felizmente, hemos visto varios protocolos de bioseguridad, lanzados por las empresas, cámaras y asociaciones del sector. Hay que aplicarlos con mucho rigor. En estos días, cuando tome vuelo la cosecha, habrá mucho contacto con gente que se mueve cientos de kilómetros. Todos entendemos. Van del campo a la ciudad, de la ciudad al campo.

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"ideas, solo ideas"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 29 febrero de 2020

No hay perspectiva a largo plazo si se castiga a los sectores exportadores. Foto: JUAN JOSE GARCIA

En enero, el flamante (por entonces) ministro de Economía Martín Guzmán sorprendió con una convocatoria pública a que le enviaran ideas para manejar el tema de la deuda. Dejó una dirección de mail y se me ocurrió escribirle. Como no tuve acuso de recibo, me pareció pertinente darla a conocer a través del newsletter de Clarín Rural, que sale los martes y reciben miles de suscriptores. Y a resumirla poco después en la habitual columna de los sábados.

Lo que yo le proponía al ministro es que el campo podría hacerse cargo de la deuda con el FMI, que actualmente asciende a 44.000 millones de dólares pero falta recibir un tramo de 5.000. La idea era crear un mecanismo diferente al actual de las retenciones, respetando la necesidad de mantener la recaudación sin afectar la ecuación productiva, en la inteligencia de que no hay perspectiva a largo plazo si se castiga a los sectores exportadores.

El mecanismo consistía en eliminar los derechos de exportación y sustituirlos por un pago por el “derecho a producir”. El monto: 5.000 millones de dólares por año, un monto que sale de un cálculo no muy preciso pero tampoco muy arbitrario sobre la capacidad de “ahorro prestable” del sector agroindustrial. En diez años terminamos con el FMI.

Funcionaría parecido a las retenciones. Para lograr el permiso de embarque, el exportador debía depositar el 20 % del valor a embarcar, a cambio de lo cual recibía un bono a diez años, con una pequeña tasa de interés y en dólares. Al comprar la mercadería, el exportador pagaría 80% cash y 20% con el bono. Este podría aplicarse a diferentes destinos o negociarse en el mercado secundario.La idea era convertir la actual exacción en un préstamo forzoso. El productor recibiría “precio lleno”, aunque una parte en bonos. El Estado necesita recursos y en el corto plazo no habría sacrificio fiscal. Es como que, en lugar de pedirle a los bonistas y al FMI, o a los bancos locales o la Anses, se le pida a quienes tienen todavía cierta capacidad de ahorro. Dentro de las cosas que se podrían hacer con el bono, es financiar parte de las inversiones de valor agregado, maquinaria, riego, etc. desencadenando esas “políticas activas” que tanto seducen al poder.A la luz de lo que viene pasando, creo que nadie de Economía le prestó atención. Pero sí recibí innumerables comentarios (a favor y en contra) de los lectores. Todos coincidieron en algo: este gobierno no la iba a tomar. Es más fácil seguir con las retenciones. Igual vale la pena seguir el hilo.

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"El espectáculo del maíz"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 22 de febrero de 2020

Es una locomotora en plena marcha. El promedio nacional trepó a 8 toneladas por hectárea. Creció el consumo interno, de 4 a 15 millones de toneladas, y las exportaciones a más de 30.

En apenas 25 años, llegamos a un rinde nacional de más de 80 quintales.

“Maíz a 100 quintales por hectárea”. Con este título, la tapa de Dinámica Rural de abril de 1982 sacudía al mundo rural. Es que el rendimiento promedio del maíz en la Argentina era por entonces de 30 quintales, y en la zona núcleo era muy difícil que algún chacarero superara el límite de las “100 bolsas” (60 quintales).

Pero había un productor, en Teodelina, que había implementado un paquete tecnológico diferente. La clave era el control de malezas y la fertilización, además del cuidado de todos los detalles. Era Juan Avellaneda (Johnny), en la Estancia Santa Juana. Lo visitamos allí con el Tano Grupalli, el gran fotógrafo de la revista de Quinterno.Johnny nos contó que desde hacía unos años visitaba el corn belt de los Estados Unidos, donde el rendimiento rondaba los 75 quintales, y los de punta superaban los 100. “Yo me decía que nunca iba a sembrar maíz como los norteamericanos. De pronto, me doy cuenta que estoy haciendo todo exactamente como ellos”. Y los resultados estaban llegando, rompiendo el paradigma de la superioridad de los suelos del cinturón maicero, los días más largos en verano, la nieve en invierno y tantas cosas con que los expertos nos habían convencido de que “Pergamino no es Iowa”.

Diez años después de aquella nota, Santa Juana seguía progresando, pero a nivel general los avances habían sido magros. El rinde promedio había subido a 36 quintales. Es lo que había cuando acepté la presidencia del INTA, en 1994. La brecha con los EEUU se había ampliado. Había un ancho espacio para crecer.

Y lo hicimos. En apenas 25 años, llegamos a un rinde nacional de más de 80 quintales. Acortamos tremendamente la brecha. Híbridos simples de mucho mayor potencial y estabilidad, fertilización inteligente, lotes limpios gracias a la rotación con soja. Por supuesto, siembra directa.

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"Y sin embargo, si muove..."

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 15 de febrero de 2020

Entre fuertes preocupaciones y su dinamismo natural, la agroindustria afronta problemas -trigo, carne, ambiente, Vicentín, semillas- pero busca salir adelante.

 

En medio de diversas dificultades evidentes, la producción agroindustrial argentina sigue adelante y va camino a un importante volumen de cosecha de granos gruesos. (REUTERS/Agustin Marcarian)

 

La preocupación del agro está subrayada por gruesos trazos de evidencias. Cuando uno quiere hablar de futuro, la realidad lo sacude con un presente complicadísimo y un horizonte lleno de nubarrones. El rumor del retoque de 3 puntos a las retenciones de la soja, el de la vuelta de los ROEs en trigo o algo parecido, la crisis financiera de Vicentín (más las de algunos “correacopios”), la incertidumbre sobre lo que van a hacer con las exportaciones de carne vacuna, impregnan la diaria de nuestra labor periodística. Los dirigentes en estado de deliberación, y soportando la presión de “las bases”, que exigen medidas de fuerza. Por ahora no hay consenso, en la mesa de enlace, para desatar hostilidades, pero todo pende de un hilo muy finito.

 

“Y sin embargo, se mueve”. La rápida reacción de los productores de La Pampa, ante la decisión del gobierno provincial de prohibir la venta de agroquímicos, llevó a una solución inmediata. Se puso en marcha el protocolo de Campo Limpio que resuelve adecuadamente la cuestión de los envases. Habíamos planteado la preocupación en esta columna el sábado pasado. El agua no llegó al río, la cosa está encarrilada. Se puede.

Ojalá esta sea la dinámica. Hay cosas que tiene que resolver el sector privado. El caso Vicentín, por ejemplo, que presentó convocatoria esta semana, frente a una serie de medidas cautelares y embargos promovidos por algunos acreedores (ver página 4). Y otras cosas que serán privativas del sector público. Ahí reside la preocupación y el estado de alerta de productores y dirigentes.

Por ejemplo, la cuestión del trigo. El ritmo con el que se comercializó la cosecha que se acaba de levantar fue vertiginoso. Y también fueron muy fuertes los embarques de enero, con la exportación muy activa en la compra del cereal. Obviamente, el gobierno sigue con atención el tema. El secretario de Agricultura, Julián Echazarreta, que de esto sabe un rato largo, dijo en una mesa de trigo en Córdoba que faltando nueves meses para la próxima cosecha, es un rol del gobierno mantenerse vigilante y eventualmente “intervenir”. El término levantó algo de polvareda, pero desde el propio sector comercial salieron a poner paños fríos, contando que hay un acuerdo entre exportadores, molineros y gobierno para asegurar el abastecimiento fluido de trigo a lo largo del año. Es una cuestión sensible siempre. Tampoco en este caso pareciera que el agua llegará al río. O el trigo al mar.

El ministro Luis Basterra se manifestó también en repetidas oportunidades con mucha prudencia, y no parece querer fogonear mecanismos del pasado. Esta semana dio también una buena señal, al acompañar a la Asociación de Semilleros Argentinos el lanzamiento de la cosecha de semilla de maíz en un criadero de Salto. Allí estuvo también Ramón Ayala, titular del gremio de Trabajadores Rurales (UATRE), resaltando la relación de armonía en una industria clave, porque todo nace en la semilla. Y porque es la expresión concentrada del avance tecnológico de toda la cadena agroindustrial.

El otro tema es el de la carne vacuna. Esta semana se reunió, por primera vez en la era AF, la mesa de carnes. Fue en la sede de Unica, una de las cámaras referentes del sector frigorífico. Allí se repasaron todos los temas, muchos que siguen pendientes, en particular la necesidad de una ecualización de la cadena en lo fiscal y lo sanitario. Pero el foco estuvo puesto en mantener un necesario flujo de exportaciones, garantizando un buen nivel de abastecimiento interno. Es lo que le interesa a un gobierno que sabe que ahora las carnes pesan en la balanza comercial (tema clave) pero que también tienen alto impacto en el consumo interno.

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"En el reino del revés"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 8 de febrero 2020

La agencia ambiental de EE.UU. y el primer ministro británico expresaron respaldos firmes al glifosato y a la producción de alimentos con OGM.

El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo y viene sufriendo duros embates desde hace años.

La EPA, la agencia de protección ambiental de los Estados Unidos, informó esta semana que ha finalizado la revisión de toda la documentación referida al glifosato, concluyendo que “no hay riesgo en lo concerniente a la salud humana cuando es usado de acuerdo a las indicaciones de la etiqueta, y que no es carcinogénico”.

Es una noticia de enorme importancia: el glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo y viene sufriendo duros embates desde hace años, cuando se convirtió en el blanco preferido de las organizaciones ecologistas. La Argentina –donde se convirtió en una herramienta fundamental para el avance agrícola en los últimos treinta años- no estuvo ajena a estos ataquLa decisión llega en un momento crucial, porque al amparo de documentos que plantearon dudas sobre sus efectos sobre la salud, se desencadenaron procesos judiciales por montos siderales en los Estados Unidos. Esto se aceleró apenas finalizó la mega adquisición de Monsanto (la empresa norteamericana que desarrolló la molécula) por parte de la alemana Bayer. Concretamente, la EPA ahora contrarresta el documento de la organización europea de referencia en el tema cáncer (la IARC), que había puesto al glifosato en el nivel A2, de “probablemente” carcinogénico.

En el grupo A2 el glifosato comparte el mismo riesgo cancerígeno que el mate caliente, las emisiones de una chimenea hogareña o trabajar en una peluquería.

La EPA fue más allá: aparte de despejar la cuestión del efecto en la salud humana, planteó el aporte del glifosato a la sustentabilidad, al haber facilitado la transición hacia la siembra directa y el laboreo reducido.

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"Con el aire acondicionado"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 25 de enero de 2020

Los pilares del capitalismo ya comienzan a tratar el calentamiento global como una verdadera crisis planetaria.

El ambiente está pesado. Lleno de nubarrones y presagios de tormentas. “Las catástrofes hacen felices a los profetas”, dijo una vez Augusto Roa Bastos. Y Chacho Alvarez, devenido lázaramente en embajador en Perú, sentenció “el que avisa no traiciona”.

Dicho esto, prendo el aire acondicionado y me lanzo, mansamente, a contar lo que sucedió esta semana más allá del ombligo celeste y blanco, Dios sea loado. Porque el mundo también existe y, en el fondo de la Caja de Pandora que hemos vuelto a abrir, anida la Esperanza.

Esta semana tuvo lugar el encuentro anual del Foro de Davos, el think tank empresarial que refleja la agenda global de la economía, los negocios y la sociedad. Aquí pasó prácticamente desapercibido, porque para los argentinos lo esencial, ya sabemos, es invisible a los ojos.

Hubo un hilo conductor: la cuestión del cambio climático. Los eventos extremos, con la humareda de los incendios en Australia recorriendo el globo, pusieron el telón de fondo. Y Davos asistió a un nuevo round de la pelea de fondo, que para muchos suena ridícula, pero que está marcando la época: Donald Trump vs. Greta Thunberg. Desafío y oportunidad. Sí, oportunidad para esta parte del mundo, aquí donde estamos. Siga leyendo.Greta, la chica de tapa de los grandes medios del mundo en el 2019, insistió con su tristeza por la falta de medidas concretas para atacar el problema. Y Trump le respondió con su habitual negacionismo, con lo que se pone torpemente del “lado malo”, cuando su país es el mejor ejemplo de que la humanidad ha decidido hacer las cosas de otra manera. El mundo está cambiando y los Estados Unidos están liderando ese cambio. Pero Trump quiere hacer equilibrio y termina rindiendo pleitesía al mundo del siglo pasado. Justo cuando los pilares del capitalismo comienzan a tratar el calentamiento global como una crisis.

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"Un fantasma de carne y hueso"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural

El frigorífico Campo Austral desposta 32.000 cerdos por mes, equivalente a 3.000 toneladas de carne fresca para consumo interno y exportación.

Cerramos un 2019 espectacular para el negocio de la carne vacuna. Se alcanzaron exportaciones récord en valor, superando los 3.000 millones de dólares. Y a esto hay que sumarle las menudencias, que no son moco de pavo.

Fue sin duda una gran noticia para el sector agroindustrial. Y también para el conjunto de la economía, por lo que significan las proteínas animales en materia de empleo y actividad en los conurbanos y en el interior. Pero en particular, remarcó la posibilidad de incrementar el flujo de divisas.

Hasta hace pocos años la meta era llegar a embarques por 1.000 millones de dólares. Ahora prácticamente cuadruplicamos esa cifra. Esto provocó una gran expectativa, aún a pesar del clima político.

La vuelta de tuerca en las retenciones a los granos generó un ambiente de mucho malestar y temor, al igual que la amenaza de un fuerte aumento del inmobiliario rural en la provincia de Buenos Aires. Pero todos percibieron que la ganadería quedaría mejor posicionada que la agricultura, y que posiblemente mejoraría la relación de precios entre granos y carne.

Sin embargo, ahora aparecen gruesos nubarrones en el horizonte. Lo más grave está ocurriendo con el mercado chino, que fue el que motorizó el altísimo nivel de exportaciones del año pasado. China se llevó el 70% del volumen exportado. Pero hacia fines de noviembre, los compradores chinos se retiraron del mercado.

No fue todo: en este momento hay más de mil contenedores navegando rumbo a los puertos de la República Popular. Y cundió la alarma, porque comenzaron a cancelarse o renegociarse los contratos. Hay 450 millones de dólares flotando en el mar con destino incierto.

Fuentes de la industria aseguran que las operaciones pactadas a 6.800 dólares la tonelada están volviendo para atrás. Los compradores quieren quitas fuertes, apuntando a menos de 5.000 dólares la tonelada. No es fácil redireccionar esos embarques hacia otros puertos, así que en la mayor parte de los casos no queda más remedio que renegociar los contratos.

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"Cuidado con el Excel, Axel"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 28 diciembre de 2019

Kicillof mandó de entrada un proyecto de ley para “actualizar” el impuesto inmobiliario. Foto: JUAN JOSE GARCIA.

Las planillas de cálculo en general no incorporan sus consecuencias. El gobierno nacional debutó con una “actualización” de los derechos de exportación, utilizando los mismos argumentos que el decreto Dujovne/Macri que las trajo de nuevo sobre el tapete en 2018: hace falta plata. Y le sacudieron al maíz y el trigo, que estaban exentos, con un casi 11%, al birlarle una suma fija de 4 pesos por dólar. También a la soja, pero lo más grave fue lo de los cereales.

Aquello significó abrir la Caja de Pandora. Ahora lo tenemos más claro. Salieron todos los vicios. La “actualización” fue un aumento de más del 50% (para la soja, el 25%). Pero era apenas el primer paso. Enseguida se aprobó, por la ley de solidaridad, emergencia, etc. concederle al Ejecutivo la potestad de subirlos otros tres puntos.Así, el maíz y el trigo, que habían quedado libres de retenciones como primera medida de gobierno de Macri, en diciembre de 2015, ahora quedan con el 12 y posiblemente con el 15%. Conviene recordar que en los cuatro años sin derechos de exportación ambos granos triplicaron la producción. Argentina volvió a jugar en primera en trigo, recuperó el segundo lugar como exportador mundial de maíz. La soja, mientras tanto, se estancaba, consecuencia de que no se le redujo proporcionalmente la gabela.Porque ahora le llegó el turno a Kicillof. El flamante gobernador de la provincia de Buenos Aires no muerde en esto de las retenciones. La mayor belleza del impuesto a las exportaciones es que no es coparticipable. Caja nacional. Los gobernadores saben que tendrán que mendigar para que le tiren algunas migajas del “fondo sojero”, que paradójicamente nunca le llegan a las provincias sojeras.

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"Hablemos del tiempo"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural

El maíz está amenazado por el riesgo de escasez hídrica y por el rumor de aumento de retenciones.


Muchas veces, cuando no hay nada de qué hablar, hablamos del tiempo. Pero no es el caso ahora, cuando a la parafernalia de temas que nos urgen se suma la preocupante sequíaque –como el fantasma de Santos Vega—extiende su sombra doliente sobre la pampa argentina.

Recuerdo que cuando Felipe Solá era Secretario de Agricultura, allá por 1990, tenía bajo el vidrio de su escritorio un dibujo de un humorista del Medio Oeste norteamericano.

Estaba dividido en dos cuadros, y en ambos se repetía la presencia de un matrimonio de farmers. El de la izquierda correspondía al año 1930 y el de la derecha a 1990. En el primero, el farmer en un pequeño globo le decía a su mujer “Hope it rains, Martha” (ojala que llueva, Marta). En el de la derecha, en un globo que ocupaba todo el espacio, el atribulado productor decía –traducido al castellano—“ojalá que llueva, que el gobierno suba el precio sostén, que nos bajen las tasas de interés, que se cierre la Ronda Uruguay del Gatt, que se sancione la ley de seguro agrícola, que se lance de una vez el programa de etanol…”. Se les estaba haciendo difícil.Bueno, aquí y ahora la cosa está igualmente difícil. La lista sería mucho más larga y compleja. Pero esta semana hope it rains pasó al primer plano. Seguimos esperando que llueva y pronto. Mientras trasciende que el gobierno está haciendo las cuentas para capturar algo más vía retenciones, la realidad es que el panorama climático es muy preocupante. La mayor parte de los meteorólogos sostiene desde hace meses que estábamos frente a un año neutro, ni Niño ni Niña. Un Niñe, diría para ponerme a tono con los tiempos.

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"Grageas de la Argentina posible"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 9 de noviembre de 2019

En la entrega de los premios AlimentAR se destacaron los casos de tres empresas lácteas: Vacalín, Tregar y Lactear.

 

La entrega de los premios AlimentAR, otorgados por Exponenciar y el Banco de Galicia el lunes pasado, le dio visibilidad a un conjunto de empresas que han dado pasos conmovedores en la saga “del campo al plato”. En las páginas de esta edición de Clarín Rural se detallan los quince galardonados. Pero voy a dedicar unos párrafos a algunas de ellas, pidiendo perdón a las que no mencione, porque solo tengo 3.800 caracteres, con espacios.

 

Me pareció espectacular el caso de Lactear. Es una empresa creada por cinco tamberos de la región de Morteros, Córdoba, corazón de la cuenca lechera más grande de Argentina y Sudamérica. Hace quince años, en conjunto producían 50.000 litros de leche por día, que entregaban a SanCor. No les iba bien y decidieron salirse de la cooperativa. Primero hicieron un pool de leche, para ofrecerlo como paquete a otras empresas lácteas.Pero el cambio no les movió la aguja. Entonces decidieron dar el paso hacia la industrialización. Instalaron una quesería, contratando ingeniería y equipos nacionales, que -sabían- eran absolutamente competitivos. Apuntaron a productos de calidad y crecieron rápidamente. Hoy procesan 200.000 litros ¡de sus propios tambos! Es decir, cuadruplicaron la producción en cada uno de ellos.En el camino, la sociedad creó otra empresa, para convertir en alimento balanceado los granos provenientes de la actividad agrícola de cada uno de los socios. Con eso abastecen a los tambos, las recrías y el feedlot que también forma parte del complejo.En el año 2014, inauguró su planta de deshidratación, donde secan leche y suero de queso. Esta nueva línea de productos posibilitó su consolidación como empresa exportadora, desarrollando mercados como Colombia, Brasil, Taiwán, Vietnam, China y Rusia, entre otros. Asociativismo y góndola del mundo, con un management absolutamente profesional. Van bien. Como también las otras lácteas premiadas, con más renombre: Vacalín y Tregar. Dos casos espectaculares, también con una pata exportadora. Ya nos ocuparemos de ellas…

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