"Bienvenida la convergencia entre la UIA y la Agroindustria: la mesa está servida"

Editorial delIng. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 18 de julio del 2020

El encuentro de todo el entramado agroindustrial del país con la cúpula de la Unión Industrial Argentina invita a pensar en la post pandemia. Y el Gobierno lo reconoce.

Participantes de la reunión virtual que mantuvieron el jueves directivos de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la cadena agroindustrial.

La noticia de la semana fue el encuentro de todo el entramado agroindustrial del país, a través de sus más de 40 cámaras y organizaciones de cadena, con la cúpula de la Unión Industrial Argentina. Un hecho inédito, que surge en el momento más indicado: es hora de empezar a trabajar en la post pandemia, más allá de los enormes esfuerzos que todavía hay que afrontar para atravesarla.

El encuentro tuvo lugar pocos días después que el propio Ministro de Desarrollo Productivo lanzara sus “diez prioridades”. Más allá del escepticismo que rumian muchos dirigentes del sector, los planteos de Kulfas subrayaron que al menos en algún sector de la conducción oficial, ha calado hondo el discurso agroindustrial. Alguno dirá, con derecho, que este reconocimiento implica el riesgo del “vienen por todo”. Al campo no le fue bien cuando la política tomó conciencia de lo que genera, y fue a por él.

Por eso es bienvenida esta convergencia entre la dirigencia de la UIA y las entidades de la agroindustria. La vieja antinomia “acero vs. caramelos” (derivación de aquél “manteca o cañones” con que arengó Herman Goering al pueblo alemán cuando Hitler se armaba para la guerra) quedó demolido por la realidad. Que como dice Jorge Castro, siempre se subleva.

La realidad es que el acero se convierte en caramelos. Y los caramelos necesitan del acero. Van juntos. El caramelo se hace con glucosa, que es industria del maíz. Y el maíz es industria, porque implica la transformación inteligente de los recursos naturales: el suelo con sus millones de seres vivos diminutos que “hacen cosas” cada vez mejor conocidas y manejadas por ese ingeniero de sistemas que es la conjunción del agrónomo con el productor. El productor, devenido en el administrador de una línea de montaje a la que concurren, just in time, todos los insumos que van a transformar el dióxido de carbono del aire en alimentos, bioenergía, biomateriales, fármacos y servicios ecosistémicos.

Si eso no es industria, la industria donde está.

La primera de las diez prioridades de Kulfas es la exportación. La enorme dificultad histórica de nuestra industria clásica ha sido la exportación. Pero al mismo tiempo los bienes agroindustriales, desde las mal llamadas “materias primas” (PP) hasta las manufacturas de origen agropecuario (MOA), se abrieron paso por el mundo, atrajeron inversiones y convirtieron a la Argentina en un país viable. Aunque no vivible, todavía. Pensemos por un instante qué hubiera sido de nosotros sin esta Segunda Revolución de las Pampas, que en 30 años permitió triplicar las exportaciones en volumen y quintuplicarlas en valor. Las PP y MOA explican el 60% de las divisas que ingresan al país, y son las que más están creciendo.

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"Alberto Fernández, una señal de apertura y el maíz en consolidación"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 11 de julio de 2020

La inauguración del nuevo puerto de ACA, con la “bendición” presidencial, sugiere un cambio de actitud del Gobierno a favor de la exportación, y el cultivo lo agradece.

El gobernador santafesino, Omar Perotti, en el centro de la comitiva que recorrió las instalaciones del nuevo puero de ACA. El presidente Alberto Fernández estuvo presente de forma virtual.

Estábamos a pleno con el armado de esta gran suplemento dedicado al maíz, cuando nos sorprendió una noticia cargada de simbolismos: la habilitación del imponente puerto de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) en Timbúes. Una obra que costó 140 millones de dólares, que precisamente viene a fortalecer de modo sustancial la logística del maíz, el cultivo que más está creciendo en la Argentina y que ya superó, esta campaña, al volumen de la emblemática soja.

El primer hecho que conviene destacar es que el gobierno fue quien apuró el trámite y quien convirtió esta habilitación, de hecho, en una “inauguración”. Y con una sugestiva pompa que subraya, con gruesos trazos de evidencias, la intención de mostrar algo diferente a lo que se había instalado como tendencia. En varios planos. RepasemosQuien estuvo en persona fue el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti. Hace apenas dos semanas fue quien negoció con el presidente Alberto Fernández un giro en el tema Vicentín. El presidente había anunciado, en una aciaga conferencia de prensa, que iba a expropiar la empresa santafesina. Una concesión a la línea más dura del cristinismo, que le impuso la idea de la intervención y el envío de un proyecto de ley de estatización al Congreso. Fernández aceptó la idea del gobernador, pero los medios lo tomaron como un “plan B”, que si fracasaba, daría lugar a la expropiación. Una especie de “arréglate solo”, mientras el coro de la izquierda presionaba para ir a más: estatizar todo el comercio de granos, incluyendo la infraestructura portuaria.

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"El campo y Cristina Kirchner: de una solución, un problema"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 27 de junio de 2020

 

Ante las dificultades por la pandemia, la agroindustria superó obstáculos, y funciona, una vez más. Pero la ex presidenta se empeña en tensar la cuerda al borde del abismo.

El kirchnerismo se empeña en enervar con su proyecto estatista de Vicentin. Foto: JUAN JOSE GARCIA

Marcelo Munigurria, el recordado dirigente ruralista devenido en político, que llegó a ser vicegobernador de Sante Fé (además de socio de Messi en un emprendimiento inmobiliario con su campo al sur de Rosario), solía repetir: “un argentino es ese ser que cuando tiene una solución, se inventa un problema”.

Su sentencia aplica perfecto en este momento aciago, donde tendríamos que estar viendo cómo el agro está del lado bueno del mostrador, en el medio de un problema fenomenal como la pandemia. Si hubo algo que necesitábamos que funcionase era el campo, por su doble función: proveer de alimentos a la población (encima, pauperizada por la cadena de éxitos económicos y políticos de las últimas décadas), y generar un núcleo duro de divisas genuinas para tener alguna esperanza de recuperación.

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"Vicentín: ideas para gambetear el abismo"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 20 de junio de 2020

Con YPF Agro como jugador clave, asoman opciones interesantes para el “salvataje” de la agroexportadora y sus acreedores.

La planta de Renova en Timbúes cuenta con una capacidad diaria de molienda de 20.000 toneladas de soja en dos líneas de producción. La soja termina en biodiesel. El accionista principal es Glencore, que quisiera tomar la parte de Vicentín, pero el gobierno no quiere “extranjerización”.

Hace casi un año el título de esta editorial fue “La Vaca Muerta, la Vaca Viva y el Venado Tuerto”. Para más precisión, fue el 29 de junio de 2019. En la columna, remarcaba que la potente ciudad del sur de Santa Fé, protagonista central de la Segunda Revolución de las Pampas, era el buje que articulaba las dos Argentinas emergentes: la agroindustrial y la del shale gas.

Es que visitando el Parque Industrial de Venado Tuerto, me encontré con varias empresas que además de producir maquinaria agrícola (para la Vaca Viva), de pronto se habían lanzado a fabricar equipos necesarios para la logística del yacimiento neuquino, devenido en la gran esperanza. Desde acoplados para llevar arena de Gualeguay a Añelo, hasta viviendas prefabricadas para los pueblos que crecían al calor de la nueva quimera.

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"Si se avanza en la idea de expropiación, el voto de la sociedad no será positivo"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 13 de junio de 2020

 

El Gobierno de Alberto Fernández corre el riesgo de tropezar con la misma piedra que en 2008.

Protesta en Avellaneda Santa fe en contra de la expropiación de Vicentin. (Foto: Juan Jose Garcia)

¿Será nomás que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra? En estos tiempos conviene ser inclusivos: no es solo el hombre, es también la mujer. Lo peor es cuando lo hacen en tándem.

El presidente Alberto Fernández era jefe de Gabinete del flamante gobierno de Cristina Kirchner, en marzo de 2008. Había asumido en diciembre del 2007, y con la mesa servida. Su antecesor, a la sazón su marido, había subido las retenciones a la soja del 27 al 35%. Los chacareros rumiaron su bronca pero digirieron la medida. Los precios dejaban todavía un margen razonable.

Pero la presidenta se dejó llevar por el canto de sirenas de sus noveles acompañantes en la gestión. Las retenciones móviles parecían un hallazgo maravilloso, que permitirían capturar prácticamente toda la renta derivada de la continua mejora de los precios internacionales. El mismísimo Alberto Fernández, dice la leyenda, dudó. Le preguntó al ministro de Economía (ideólogo de la propuesta) Martín Lousteau: “¿no va a haber lío?”. Le dieron todas las tranquilidades del caso. Fueron para adelante, sin evaluar que los contrarios también juegan.

El resto es historia conocida. Tres meses después sufrían la derrota en el Congreso, tras someter al país a un enorme conflicto. Fue el principio de la derrota que sufriría CFK en las elecciones del 2015, habiéndose comido la caja, con el Banco Central sin reservas, cepo cambiario y festival de ventas de dólar futuro.Ahora la situación era diametralmente opuesta. Pero igual en su primer medida de gobierno, sacan por ley un aumento de las retenciones para la soja y las vuelven a imponer para los cereales (maíz y trigo). Hubo conato de conflicto, pero la dirigencia actuó disciplinadamente: ahora las retenciones son ley. Habrá que dar batalla para que otra ley las remueva, o las convierta en otra cosa. Pero todo pendía de un hilo delgado.En eso estábamos. Y estábamos en algo más. Vicentín, una empresa en la que confiaban prácticamente todos los productores, acopios, corredores, etc (por eso le entregaban mercadería con precios a fijar) y operaba como un banco –con mucha agilidad y mayor agresividad: siempre pagaba un peso más que la competencia--, entró en cesación de pagos. La crisis fue enorme, un listado de 60 páginas con casi 3000 acreedores. La mayor parte, de la provincia de Santa Fe, pero con esquirlas por toda la pampa gringa.Por supuesto, de inmediato todos se abocaron a encontrar una solución. Había varias alternativas avanzadas. Lo más público era la propuesta de un conocido agente comercial, que apuntaba a juntarle la cabeza a todos los afectados del sector granario. Se supo también de una propuesta de un fondo de inversión, al que se había sumado el empresario José Luis Manzano. Estaba latente la compra de algunos activos por parte de Glencore (socia en varios negocios). También se negociaba con ACA (la Asociación de Cooperativas Argentinas), principal acreedor privado, con acreencias por 90 millones de dólares. Es la gran originadora de granos del país. Y ahora se supo que los directivos de Vicentín estaban conversando con YPF Agro.

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"Ingeniería, medio ambiente, inocuidad y periodismo: hay mucho que celebrar"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín del 6 de junio del 2020

Por estos días se conmemoran fechas que sirven para revalidar la evolución del agro argentino, el más sustentable del mundo.

Con un 90 por ciento de la superficie sembrada bajo siembra directa, en Argentina se hace la agricultura con mejor huella de carbono del mundo

 

El calendario me explotó en el teclado. Hoy se celebran los 150 años de la Ingeniería. Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente. Y mañana es el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, coincidiendo con el Día del Periodista. Todo tiene que ver con todo. Allá voy, pasen y lean.

 

El 6 de junio de 1870 egresaba el primer ingeniero argentino, Luis A. Huergo. A la sazón, mi bisabuelo. Una generación que diseñó y construyó la infraestructura de un país que se hizo viable y potente mirando al mundo. Su obra más conocida es el puerto de Buenos Aires en Dársena Norte, donde está la terminal donde atracan los cruceros de ultramar. Pero su verdadera pasión era la infraestructura que necesitaba el país de la primera Revolución de las Pampas. Desde las vías navegables y conexiones con el interior, con su proyecto de canalización desde la desembocadura del Carcarañá, en Timbúes, hasta más allá de la ciudad de Córdoba. También los ferrocarriles con sus redes troncales, para llevar los productos del país a los mercados del mundo.Ahora estamos viviendo la Segunda Revolución de las Pampas, donde el atributo central es la conquista tecnológica. Una epopeya de dimensión mundial, que está inaugurando una nueva era en la forma de producir alimentos. Acá, trenzados en tribulaciones insensatas, hemos perdido la noción de lo que se viene construyendo desde hace tres décadas, cuando eclosionó la siembra directa. Una enorme concentración de masa crítica (encefálica) dio lugar a la agricultura más sustentable del mundo. Nadie produce tantas toneladas por unidad de energía consumida en el proceso. Es la agricultura de mejor huella de carbono. De la mejor relación insumo/producto. Con menor dotación de capital, gracias a la eficiencia de los equipos y el modelo organizacional, con contratistas especializados que le sacan el jugo a cada kilo de fierro y cada litro de gasoil.Por eso en esta columna celebramos el Día del Medio Ambiente, saliendo al cruce de las muletillas ideologizadas que distorsionan, con fluidez e ignorancia, la esencia profundamente regenerativa de nuestra forma de producir. Los suelos del mundo han perdido materia orgánica, carbono que pasó de la tierra a la atmósfera. En la Argentina, con el 90% bajo siembra directa, el proceso se ha invertido. Nuestros suelos están secuestrando carbono. Nuestros alimentos son reconocidamente sanos y saludables por los habitantes de 130 países y 40 millones de argentinos.

Aprendimos a reponer nutrientes. Aprendimos a utilizar con inteligencia las herramientas químicas. Herbicidas en lugar de implementos de tortura de los suelos para eliminar los yuyos, degradando la materia orgánica en las carpidas. Y ahora estamos ingresando en la era del “siempre verde”, de la “fotosíntesis permanente”, consagrada por Aapresid en noviembre pasado al cumplir sus primeros 30 años. La de la Agricultura Certificada, la de los Municipios Verdes, con el que acaba de galardonar a Monte Buey el instituto IRAM.

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"La magia del agua: Perú convierte el desierto en un oasis"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 30 de mayo del 2020

Con una obra monumental, desviaron el curso de un río para irrigar un arenal tropical y transformarlo en una pujante zona productiva que ya emplea a 3.000 personas.

 

Para quienes tenemos el hábito de conmovernos con las grandes epopeyas agrícolas, quiero compartir esto que está sucediendo ahora en Perú. En pleno desierto, 800 km al norte de la ciudad de Lima, entre el mar y la cordillera y casi a la altura del ecuador (paralelo 6°) se está convirtiendo un inmenso arenal inerte en un oasis donde pululan los círculos verdes. Y también los cuadrados. La magia del agua.Pero el “Proyecto Olmos” no fue magia. Con epicentro en Lambayeque, ya tomó vuelo una ambiciosa e imaginativa iniciativa que se desencadenó hace apenas cinco años. Lo que se hizo es, básicamente, desviar las aguas del río Huantabanda, que arranca en la Cordillera de los Andes y pertenece a la cuenca del Marañón, (que a su vez desemboca en el Amazonas, corriendo de oeste a este). Se hizo una represa para acumular agua durante la época de lluvias. Y se cavó un túnel a 2.000 metros de profundidad a través de la montaña, para cambiar el rumbo del agua.

El arenal tropical entre el mar y la cordillera, se transformó en un bergel.

Luego, un canal de 20 km vierte el agua en el río Olmos, que pone rumbo al oeste, hacia el Pacífico. En su estado natural, este río llevaba agua de lluvia un par de meses por año. Diez meses permanecía seco. Ahora tiene caudal todo el año.

Este río colecta el agua y la lleva a una bocatoma donde se desvía y recorre 75 km de canales a cielo abierto, de cemento en V, hasta llegar a la represa de Palo Verde. Es un gigantesco tajamar en las alturas, desde donde el agua se conduce por gravedad a un valle de 30.000 hectáreas. Ese es el valle donde nacieron las Tierras Nuevas.

La palta Hass es otro de los productos cultivados especialmente para la exportación.

Ahí hay 15 empresas, entre extranjeras y peruanas, que apostaron al proyecto. En una de ellas el gerente es un ingeniero agrónomo argentino, Marcos Pincemín, deslumbrado por el potencial del desierto tropical, “donde el día dura doce horas todos los días del año, las temperaturas mínimas son de 12 grados y las máximas en verano de 36°; pero en invierno las mínimas son de 6 y las máximas de 28. En estas condiciones, todo crece haciendo ruido…” Marcos tiene 41 años. Cuando terminó su carrera en la UBA en el 2005 se fue a vivir a Posadas, trabajando en la actividad forestal, en cultivos intensivos y en sistemas silvopastoriles. Allí se vinculó con una compañía extranjera involucrada con la stevia. Pero la empresa se retiró cuando llegó la ley de extranjerización de la tierra. Entonces se fueron a Perú y lo convocaron para ofrecerle la gerencia agrícola.

Marcos Pincemín, ingeniero agrónomo argentino al que convocaron en 2014


Allí llegó en 2014. “En estos seis años llevamos plantadas 700 hectáreas de palta Fas, 300 de uva de mesa seedless (sin semilla) y 150 de arándanos convencionales y otras 100 de orgánicos”, cuenta. Además están ensayando con kiwi, cacao, banano, frambuesa y toda una parafernalia de alternativas corriendo por la cañería.

“La verdad que no tenía mucha experiencia en regar en el desierto. Cuando llegué, me pareció como demasiado desafiante. Pero de pronto me veo manejando una estructura de 3.000 personas todo el año, toda gente local que viene de pueblos a la redonda. El proyecto tiene un impacto económico y social enorme en la región”, sostiene. Entre todas las empresas, ya trabajan 30.000 personas en forma directa.

Se está construyendo una infraestructura tremenda, incluyendo una ciudad que ocupa 700 hectáreas del desierto, con cloacas, electrificación, agua potable. Se va a licitar la construcción de viviendas, un sector industrial, shopping, etc. Es una iniciativa público-privada. La inversión en el sistema de captación del agua y el riego la hicieron entre la empresa brasileña Odebrecht (70%) y el gobierno peruano (30%). Costó 300 millones de dólares.

El clima y el ambiente permiten avanzar muy rápido, los arándanos tardan sólo un año en estar en producción.

Después vino la inversión de las empresas productivas, entre las que está el grupo peruano Gloria, que tiene intereses también en la Argentina. Aquí explotaban un ingenio azucarero pero se retiraron, agotados por los conflictos gremiales. En el Proyecto Olmos tienen 11.800 hectáreas de caña, todo con riego por pivotes, y han levantado un ingenio de última generación.

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"La nueva esperanza contra el Covid-19 viene de una planta genéticamente modificada"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 23 de mayo de 2020

 

Se trata de una vacuna obtenida a través de la modificación genética del tabaco que ya fue aprobada para comenzar ensayos en seres humanos.

 

British American Tobacco tiene 55.000 empleados en todo el mundo y es la propietaria de algunas de las marcas más importantes de cigarrillos, como Lucky Strike, Pall Mall y Dunhill

British American Tobacco (BAT) anunció esta semana que iniciará la fase 1 de su vacuna contra el Covid-19 el mes próximo. Ya cuenta con la aprobación de la FDA (la agencia de medicamentos de Estados Unidos) para iniciar los ensayos en seres humanos. La noticia es de enorme trascendencia, no solo porque es la primera vacuna en llegar, en medio de la búsqueda vertiginosa por encontrar la protección contra el coronavirus. Pero tiene otro aspecto relevante: fue obtenida a través de la modificación genética del tabaco. Por eso nos ocupamos de ella hoy en Clarín Rural.

Lo que hizo la mayor tabacalera del mundo, cuyas acciones vienen perdiendo fuerza por las campañas anti-cigarrillo, fue un muy elegante salto al futuro. En pocas horas pasó de villano a héroe, y el mercado se lo reconoció. La acción venía en picada desde que se desencadenó la pandemia, sobre todo cuando eclosionó en Nueva York. Cotizaba a casi 50 dólares y había bajado a 27 el 30 de marzo.

Al día siguiente anunciaron que contaban con la vacuna, y el papel (no el del cigarrillo…) dio un respingo. Subió un 40% de inmediato y ahí se sostuvo hasta que el miércoles pegó otro salto, cuando confirmaron que desde fines de junio dispondrían de un millón de dosis por semana. Es la nada misma frente a una pandemia que requerirá miles de millones de dosis, pero como dicen los chinos, un camino de mil millas se inicia con un primer paso.

Más allá del impacto favorable que la noticia genera para BAT, que tiene 55.000 empleados en todo el mundo y es la propietaria de algunas de las marcas más importantes de cigarrillos, como Lucky Strike, Pall Mall y Dunhill, lo más interesante es que resalta las posibilidades de la modificación genética, utilizando las plantas como vehículos para generar solucionesque van más allá de la producción de alimentos y bioenergía.

Estamos ahora ante la oportunidad de remarcar que la biotecnología es una herramienta que no solo le sirve al productor para mejorar sus rindes o reducir sus costos. Una muletilla que utilizaron algunos para demonizar a las semillas modificadas genéticamente, hasta llegar a trabar su ingreso a algunos mercados. Entre ellos, los de varios países europeos. Conviene recordar que BAT tiene su sede en Londres, aunque el desarrollo de la vacuna se hizo en Kentucky, centro tabacalero de los EEUU.

Así que ahora la vacuna que se va a inyectar a millones de seres humanos proviene de una planta GMO. La poderosa empresa, que a pesar de la obsolescencia del negocio del cigarrillo vale más que la General Motors y la Ford juntas (aunque la mitad que Tesla, ya la segunda automotriz del mundo detrás de Toyota), tendrá que salir a respaldar a la maravillosa herramienta de la biotecnología.

Nos viene bárbaro. La Argentina abrazó con fuerza a las semillas transgénicas, base de la expansión agrícola de la Segunda Revolución de las Pampas. Se basó fundamentalmente en eventos biotecnológicos desarrollados por compañías con enorme musculatura en investigación y desarrollo. Pero al mismo tiempo fue capaz de generar sus propios eventos, como el HB4 de tolerancia a la sequía para soja y trigo que logró Bioceres, o el de Tecnoplant para resistencia a virus en papa.

Así que ahora podremos sacar pecho. Chau el cuentito tecnofóbico, que hizo claudicar a algunos funcionarios cuando le pusieron el pie a la puerta giratoria de nuestra capacidad científica y tecnológica. Supimos hacer punta en los 90, cuando el actual canciller Felipe Solá liberó la soja RR, asumiendo el riesgo de que se lo acusara de defender los intereses de la desaparecida Monsanto. Su decisión significó mucho más que pasar de 15 a 60 millones de toneladas de soja. Fue el hito fundacional de un proceso que hizo de la Argentina un país viable, a pesar de nuestras propias pialadas.

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"Coronavirus: gente trabajando, en el mundo que sigue andando"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 1 de mayo del 2020

Sudamérica es la gran base productiva, en plena expansión, que hoy provee alimentos a todo el planeta. Vida inteligente en Argentina, para una agenda-país.

Las actividades a campo continuaron sus procesos estacionales, al ritmo de la biología, y con el fin de abastecer a los consumidores.

Podrido de la cuarentena, seguro. Yo también. Pero... me pongo mejor cuando corro un poquito el velo del coronavirus y veo un mundo que sigue andando. Es cierto: nada va a ser igual. Pero la brújula funciona por magnetismo y sabe marcar el rumbo en la penumbra. Con el permiso del caso, voy a intentarlo.

Hay una mala costumbre de la humanidad. Comer. Antes de la pandemia, ya no se alimentaba con proteínas, hidratos de carbono, lípidos y vitaminas. Esas sustancias venían camufladas en otros envases.Colores, aromas y sabores, como decía el Negro Ordóñez hace veinte años. Y yo le agregaba: y además, historia, geografía, cultura, variedad de origen, habilidad culinaria, arquitectura, indumentaria, moda, comunicación. Desde el Champagne de Eperney al Malbec de Luján de Cuyo o el Pinotage sudafricano, del Pisco Chileno (o peruano, no se ofendan) al Whisky escocés, desde la carne Kobe al Novillo Argentino, Salud. El de la larga fama.

En el camino, todos los ingredientes y los recursos básicos para obtenerlos. Sudamérica es la gran base productiva, en plena expansión, que hoy provee a todo el mundo. Como el maravilloso maíz, que los aztecas cultivaban cerca de su centro cultural y religioso, Tenochtitlán, obteniendo una alta producción y fertilidad. Ellos desarrollaron las "Chinampas", franjas rectangulares con estrechos canales con aguas del lago Texcoco.

Bueno, este año Argentina y Brasil (juntos) están prácticamente duplicando las exportaciones de maíz de los Estados Unidos, hasta hace muy poco dueño exclusivo del mercado internacional. El maíz es el paradigma de alimento, energía y salud: grano para consumo humano directo, pero base imbatible para la alimentación de todo bicho que camina y va a parar al asador. Energía renovable, a través de la fermentación alcohólica, la misma con la que los incas hacían la chicha. Yo le beso las manos al Inca Viracocha, “que inventó el maíz y enseñó su cultivo”.

Alcohol… ¿les suena? La prevención del coronavirus. Alcohol en gel, que se hace mezclando etanol con glicerina. Argentina es el mayor exportador mundial de glicerina refinada, partiendo del co-producto de la transformación del aceite en biodiesel. Combustible renovable, como el etanol.

Y el aceite viene de la soja, y es solo el 18%. El 80% restante es alimento. El novillo de Kobe come harina de soja argentina, como el salmón noruego, el del Puerto Montt, o las 20 millones de toneladas de pescados y mariscos que producen las estaciones de acuacultura en la República Popular China. O sus cerdos, y no les alcanza. Ya están retomando las importaciones de carne vacuna, donde también Brasil y Argentina, más Uruguay y Paraguay, son sus grandes abastecedores.

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"Compromiso y responsabilidad del agro"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 21 de marzo de 2020

Para el campo y la agroindustria, entonces, esta exención que hizo el presidente fernández no es un privilegio. Es, ante todo, un compromiso.

 

Las "Industrias de alimentación, su cadena productiva e insumos” y "las actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización agropecuaria y de pesca” quedaron exentas del decreto de necesidad urgencia 297/2020, que impuso el aislamiento social preventivo y obligatorio como estrategia para frenar al coronavirus. También se eximió a las actividades vinculadas con el comercio exterior.

 

Antes, el presidente Alberto Fernández había planteado que estamos en guerra contra un enemigo invisible. No conozco mucho del arte militar, pero he escuchado alguna vez que en cualquier guerra lo fundamental es la cadena de suministros. Un amigo, que sí sabe de esto, me recordó que en la Primera Guerra Mundial, Francia tuvo más muertos de hambre que de balas. Esa fue la base del proteccionismo a su sector agrícola, que luego se extendió a toda Europa, hasta hipertrofiarse luego de la Segunda Guerra.Para el campo y la agroindustria, entonces, esta exención no es un privilegio. Es, ante todo, un compromiso. Surge de la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria. No solo la de los argentinos, que consumen sólo el 10% de los alimentos que el país produce. La Argentina juega un papel relevante en la provisión de granos, proteínas vegetales y animales, e insumos nutricionales básicos para 400 millones de habitantes. No es cuestión de plata, solamente, aunque también hacen falta los recursos económicos, en la guerra más que en la paz.El compromiso tiene varias vertientes y derivaciones. Primero, la responsabilidad de producir más y mejor, como se pueda. Ya conocemos las restricciones económicas. Ya sabemos que hay (me gustaría decir “hubo”) mucha bronca. No es el momento de destilarla. La Mesa de Enlace, reconocida por todo el mundo como la conducción natural, ofreció su colaboración. Saludo la actitud, la semana pasada estábamos al borde de una fractura peligrosa.

El segundo compromiso es cuidarse entre todos los que están involucrados con la actividad. Mucho cuidado, porque la exención al aislamiento no implica libertinaje de movimientos. Hay que restringirlos a lo necesario. Hay mucha gente vinculada al agro, en forma directa e indirecta. Nos ufanamos de ello como punto a favor del sector. Entonces, que haya salvoconductos para todos, agrónomos, veterinarios, contratistas, camioneros, no significa que podemos hacer cualquier cosa.

Felizmente, hemos visto varios protocolos de bioseguridad, lanzados por las empresas, cámaras y asociaciones del sector. Hay que aplicarlos con mucho rigor. En estos días, cuando tome vuelo la cosecha, habrá mucho contacto con gente que se mueve cientos de kilómetros. Todos entendemos. Van del campo a la ciudad, de la ciudad al campo.

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"ideas, solo ideas"

Editorial del Ing.Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 29 febrero de 2020

No hay perspectiva a largo plazo si se castiga a los sectores exportadores. Foto: JUAN JOSE GARCIA

En enero, el flamante (por entonces) ministro de Economía Martín Guzmán sorprendió con una convocatoria pública a que le enviaran ideas para manejar el tema de la deuda. Dejó una dirección de mail y se me ocurrió escribirle. Como no tuve acuso de recibo, me pareció pertinente darla a conocer a través del newsletter de Clarín Rural, que sale los martes y reciben miles de suscriptores. Y a resumirla poco después en la habitual columna de los sábados.

Lo que yo le proponía al ministro es que el campo podría hacerse cargo de la deuda con el FMI, que actualmente asciende a 44.000 millones de dólares pero falta recibir un tramo de 5.000. La idea era crear un mecanismo diferente al actual de las retenciones, respetando la necesidad de mantener la recaudación sin afectar la ecuación productiva, en la inteligencia de que no hay perspectiva a largo plazo si se castiga a los sectores exportadores.

El mecanismo consistía en eliminar los derechos de exportación y sustituirlos por un pago por el “derecho a producir”. El monto: 5.000 millones de dólares por año, un monto que sale de un cálculo no muy preciso pero tampoco muy arbitrario sobre la capacidad de “ahorro prestable” del sector agroindustrial. En diez años terminamos con el FMI.

Funcionaría parecido a las retenciones. Para lograr el permiso de embarque, el exportador debía depositar el 20 % del valor a embarcar, a cambio de lo cual recibía un bono a diez años, con una pequeña tasa de interés y en dólares. Al comprar la mercadería, el exportador pagaría 80% cash y 20% con el bono. Este podría aplicarse a diferentes destinos o negociarse en el mercado secundario.La idea era convertir la actual exacción en un préstamo forzoso. El productor recibiría “precio lleno”, aunque una parte en bonos. El Estado necesita recursos y en el corto plazo no habría sacrificio fiscal. Es como que, en lugar de pedirle a los bonistas y al FMI, o a los bancos locales o la Anses, se le pida a quienes tienen todavía cierta capacidad de ahorro. Dentro de las cosas que se podrían hacer con el bono, es financiar parte de las inversiones de valor agregado, maquinaria, riego, etc. desencadenando esas “políticas activas” que tanto seducen al poder.A la luz de lo que viene pasando, creo que nadie de Economía le prestó atención. Pero sí recibí innumerables comentarios (a favor y en contra) de los lectores. Todos coincidieron en algo: este gobierno no la iba a tomar. Es más fácil seguir con las retenciones. Igual vale la pena seguir el hilo.

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"El espectáculo del maíz"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 22 de febrero de 2020

Es una locomotora en plena marcha. El promedio nacional trepó a 8 toneladas por hectárea. Creció el consumo interno, de 4 a 15 millones de toneladas, y las exportaciones a más de 30.

En apenas 25 años, llegamos a un rinde nacional de más de 80 quintales.

“Maíz a 100 quintales por hectárea”. Con este título, la tapa de Dinámica Rural de abril de 1982 sacudía al mundo rural. Es que el rendimiento promedio del maíz en la Argentina era por entonces de 30 quintales, y en la zona núcleo era muy difícil que algún chacarero superara el límite de las “100 bolsas” (60 quintales).

Pero había un productor, en Teodelina, que había implementado un paquete tecnológico diferente. La clave era el control de malezas y la fertilización, además del cuidado de todos los detalles. Era Juan Avellaneda (Johnny), en la Estancia Santa Juana. Lo visitamos allí con el Tano Grupalli, el gran fotógrafo de la revista de Quinterno.Johnny nos contó que desde hacía unos años visitaba el corn belt de los Estados Unidos, donde el rendimiento rondaba los 75 quintales, y los de punta superaban los 100. “Yo me decía que nunca iba a sembrar maíz como los norteamericanos. De pronto, me doy cuenta que estoy haciendo todo exactamente como ellos”. Y los resultados estaban llegando, rompiendo el paradigma de la superioridad de los suelos del cinturón maicero, los días más largos en verano, la nieve en invierno y tantas cosas con que los expertos nos habían convencido de que “Pergamino no es Iowa”.

Diez años después de aquella nota, Santa Juana seguía progresando, pero a nivel general los avances habían sido magros. El rinde promedio había subido a 36 quintales. Es lo que había cuando acepté la presidencia del INTA, en 1994. La brecha con los EEUU se había ampliado. Había un ancho espacio para crecer.

Y lo hicimos. En apenas 25 años, llegamos a un rinde nacional de más de 80 quintales. Acortamos tremendamente la brecha. Híbridos simples de mucho mayor potencial y estabilidad, fertilización inteligente, lotes limpios gracias a la rotación con soja. Por supuesto, siembra directa.

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"Y sin embargo, si muove..."

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 15 de febrero de 2020

Entre fuertes preocupaciones y su dinamismo natural, la agroindustria afronta problemas -trigo, carne, ambiente, Vicentín, semillas- pero busca salir adelante.

 

En medio de diversas dificultades evidentes, la producción agroindustrial argentina sigue adelante y va camino a un importante volumen de cosecha de granos gruesos. (REUTERS/Agustin Marcarian)

 

La preocupación del agro está subrayada por gruesos trazos de evidencias. Cuando uno quiere hablar de futuro, la realidad lo sacude con un presente complicadísimo y un horizonte lleno de nubarrones. El rumor del retoque de 3 puntos a las retenciones de la soja, el de la vuelta de los ROEs en trigo o algo parecido, la crisis financiera de Vicentín (más las de algunos “correacopios”), la incertidumbre sobre lo que van a hacer con las exportaciones de carne vacuna, impregnan la diaria de nuestra labor periodística. Los dirigentes en estado de deliberación, y soportando la presión de “las bases”, que exigen medidas de fuerza. Por ahora no hay consenso, en la mesa de enlace, para desatar hostilidades, pero todo pende de un hilo muy finito.

 

“Y sin embargo, se mueve”. La rápida reacción de los productores de La Pampa, ante la decisión del gobierno provincial de prohibir la venta de agroquímicos, llevó a una solución inmediata. Se puso en marcha el protocolo de Campo Limpio que resuelve adecuadamente la cuestión de los envases. Habíamos planteado la preocupación en esta columna el sábado pasado. El agua no llegó al río, la cosa está encarrilada. Se puede.

Ojalá esta sea la dinámica. Hay cosas que tiene que resolver el sector privado. El caso Vicentín, por ejemplo, que presentó convocatoria esta semana, frente a una serie de medidas cautelares y embargos promovidos por algunos acreedores (ver página 4). Y otras cosas que serán privativas del sector público. Ahí reside la preocupación y el estado de alerta de productores y dirigentes.

Por ejemplo, la cuestión del trigo. El ritmo con el que se comercializó la cosecha que se acaba de levantar fue vertiginoso. Y también fueron muy fuertes los embarques de enero, con la exportación muy activa en la compra del cereal. Obviamente, el gobierno sigue con atención el tema. El secretario de Agricultura, Julián Echazarreta, que de esto sabe un rato largo, dijo en una mesa de trigo en Córdoba que faltando nueves meses para la próxima cosecha, es un rol del gobierno mantenerse vigilante y eventualmente “intervenir”. El término levantó algo de polvareda, pero desde el propio sector comercial salieron a poner paños fríos, contando que hay un acuerdo entre exportadores, molineros y gobierno para asegurar el abastecimiento fluido de trigo a lo largo del año. Es una cuestión sensible siempre. Tampoco en este caso pareciera que el agua llegará al río. O el trigo al mar.

El ministro Luis Basterra se manifestó también en repetidas oportunidades con mucha prudencia, y no parece querer fogonear mecanismos del pasado. Esta semana dio también una buena señal, al acompañar a la Asociación de Semilleros Argentinos el lanzamiento de la cosecha de semilla de maíz en un criadero de Salto. Allí estuvo también Ramón Ayala, titular del gremio de Trabajadores Rurales (UATRE), resaltando la relación de armonía en una industria clave, porque todo nace en la semilla. Y porque es la expresión concentrada del avance tecnológico de toda la cadena agroindustrial.

El otro tema es el de la carne vacuna. Esta semana se reunió, por primera vez en la era AF, la mesa de carnes. Fue en la sede de Unica, una de las cámaras referentes del sector frigorífico. Allí se repasaron todos los temas, muchos que siguen pendientes, en particular la necesidad de una ecualización de la cadena en lo fiscal y lo sanitario. Pero el foco estuvo puesto en mantener un necesario flujo de exportaciones, garantizando un buen nivel de abastecimiento interno. Es lo que le interesa a un gobierno que sabe que ahora las carnes pesan en la balanza comercial (tema clave) pero que también tienen alto impacto en el consumo interno.

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