"La gran cuenca fotosintética"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 19 de enero de 2019

La administración Macri, en su último año del primer mandato, tiene la oportunidad de aliarse con Brasil y los otros vecinos igualmente “verdes” de la gran cuenca fotosintética sudamericana. Foto: Agencia Brasil/ Marcelo CAMARGO

Voy a intentar unir los tres hechos más importantes de la semana agropecuaria: las inundaciones en el nordeste, la visita de Mauricio Macri a Jair Bolsonaro, y el anuncio de la UE de que estaría por autorizar una cuota de biodiesel argentino. Hay un cordón que los une.

Primero, el drama de las inundaciones remite nuevamente a la cuestión del cambio climático. La recurrencia de eventos extremos no admite el negacionismo que anida en ciertos cenáculos. Hasta el propio Trump, que en sus dos años de mandato tuvo que asumir huracanes inéditos e incendios forestales extremos, tuvo que reconocer que algo está pasando. Y aunque alguno pretenda negar el origen antropogénico del fenómeno, esta causalidad ya ha dejado de ser relevante.

Lo concreto es que hay más CO2 en la atmósfera –dejemos de lado por qué—y urge tomar acciones. Está perfectamente medido que es aumento del tenor de dióxido de carbono lo que está generando el calentamiento global. Y éste es el responsable del cambio climático. Está también perfectamente medido cuántos grados se va a calentar el planeta por cada punto de aumento del CO2. Y viceversa: en cuánto se podría retrotraer en función de la conducta humana respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero.

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"La mejor noticia, también la peor"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 12 de enero de 2019

La tecnología Enlist de Corteva es el evento más importante de los aprobados por China.

Por varias razones, la mejor noticia de la semana fue la aprobación de cinco eventos biotecnológicos por parte de la República Popular China. En primer lugar, porque es la primera tanda de liberaciones después de 18 meses, lo que significa un respaldo al mayor salto tecnológico de la agricultura global en los últimos treinta años, cuando irrumpieron las semillas transgénicas.

En segundo lugar, porque el producto claramente más favorecido es –una vez más—la soja, el commodity agrícola más dinámico en el siglo XXI. Conviene recordar que China es por lejos el mayor comprador mundial de poroto de soja, con importaciones del orden de las 100 millones de toneladas anuales, por un valor de 40 mil millones de dólares.

El evento principal ahora liberado es el Enlist, de Corteva, la empresa que surgió el año pasado tras la fusión de Dow y Dupont. Llega en un momento crucial: despues de tres décadas de uso y abuso del herbicida glifosato, se verificó un preocupante desarrollo de malezas tolerantes. Este problema se convirtió en la mayor amenaza para el cultivo. Todas las compañías proveedoras de tecnología –junto con los expertos del sector público y privado--vienen devanándose los sesos e invirtiendo enorme cantidad de recursos para encontrarle la vuelta.

En este sendero, la irrupción de Enlist significó un aporte sustantivo. Combina la tolerancia al otrora exitoso glifosato, con otras dos moléculas: el glufosinato de amonio, y el 2,4D cholina. Ambas tienen modos de acción diferentes al glifo, por lo que constituyen una herramienta clave en la saga de rotar los herbicidas, principal recomendación de los expertos en malezas.

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"Recrear el vínculo de confianza"

Editorial del Ing. Agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 5 de enero de 2019

En Argentina se utilizan productos “banda verde” para pulverizar, que son más inocuos que los que se usaban hace 30 años.

Más allá de las tribulaciones económicas, que no son fáciles de soportar, el agro enfrenta la amenaza de ruptura de un pacto ancestral con los habitantes de las ciudades: ser un proveedor confiable de alimentos y servicios ambientales. La acción maliciosa de movimientos surgidos hace cincuenta años –con el mayo francés de Daniel Cohn Bendit, hoy eurodiputado verde—socavó esa confianza.

La gran tarea para el 2019 es recrear el vínculo de confianza. Se están haciendo muchos esfuerzos importantes desde el propio sector. Y también desde los gobiernos provinciales. La provincia de Córdoba, por ejemplo, ha establecido estímulos económicos a quienes cumplen lo que se ha dado en llamar Buenas Prácticas Agrícolas. El concepto fue impulsado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires hace varios años, bajo el lema “El campo hace bien”. Y AAPRESID creó un eficaz sistema de certificación, originado por Santiago Lorenzatti.

El gran tema está en las “fumigaciones”. Primero, una cuestión básica: en el campo no se fumiga, se pulveriza. Para muchos será una cuestión semántica, pero es una línea de corte definitiva. Fumigar significa atomizar un producto hasta un tamaño de partícula de deriva incontrolable. Es humo, como el que largan los escapes de los autos. Ya lo dijimos hace un tiempo: en las 20.000 hectáreas de la ciudad de Buenos aires se fumiga (es decir, se hacen humo) 2 millones de metros cúbicos de nafta y gasoil por año. Una “dosis” de 10 mil litros por hectárea. La fumamos entre los 10 millones que pasamos el día en la ciudad.

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"Con un pan abajo del brazo"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 29 de diciembre de 2018

El 2019 viene con un pan abajo del brazo. Se está concretando la tan esperada cosecha récord de trigo, con un dato llamativo: mientras las estimaciones hablan de una leve caída respecto a lo que se esperaba hace un mes, la realidad es que donde entran las corta y trilla sale más trigo del que se esperaba. Veremos si las lluvias de estos días lavaron algo los lotes al sur del meridiano de la ruta 5, donde también pegaron algo las heladas tardías. Pero el dato es que andaremos por las 19,5 a 20 millones de toneladas.

Encima, con precios sorprendentemente elevados, contradiciendo la tendencia natural en tiempos de cosecha. El ritmo de ventas (y compras, por supuesto) ha sido intenso y ya se colocó más de la mitad de la producción. En términos brutos, sumando demanda interna y exportación, el valor de la cosecha supera los 4 mil millones de dólares. Dos tercios (3.000 millones) son divisas contantes y sonantes.Para tener una idea de lo que significa, basta remontarse al 2015, cuando los embarques no alcanzaron los mil millones. Decían por entonces en Agricultura que la baja del trigo se había compensado con el aumento de la cebada, que había llegado a 3 millones de toneladas. Bueno, este año la cosecha de cebada será de 4 millones, en este caso totalmente destinada a la exportación. Son otros 800 millones de dólares. Así que entre los dos cereales de invierno estaremos cerca de los 4.000 millones, y sin comprometer la mesa (ni la barra) de los argentinos.

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"Antes de lo esperado"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 03 de diciembre


La respuesta llegó antes de lo que esperábamos, y fue la noticia de la semana. El sábado pasado, en esta columna, planteamos que el gobierno (“muy enfrascado en atajar penales”), debería pasar a la ofensiva, aprovechando las nuevas oportunidades que le brinda el mundo. “Una gran señal –decíamos-- sería que las máximas autoridades convocaran a las cadenas por producto (Acsoja, Maizar, Argentrigo, Asagir) y sentarlas en una mesa, junto a las gremiales, para relanzar el pacto agroindustrial implícito en el arranque de la era Macri”.

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"Un pan abajo del brazo"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 1 de diciembre de 2018

Esta semana, el trigo siguió siendo portador de buenas noticias. Para los productores y para el país. Todo lo que es bueno para el agro, es mejor para la sociedad en su totalidad. Una buena cosecha tiene un enorme efecto de difusión, desde la periferia al centro. Mejora la salud macroeconómica por mayor ingreso de divisas, mejora la actividad en especial en el interior, y rápidamente llega a las ciudades.

Bueno, ya están a pleno las cosechadoras. Levantaron el 30% del trigo y la semana próxima llegarán a la mitad de una campaña que arrojará casi 20 millones de toneladas. Viene con un pan abajo del brazo. Es la mirada del vaso medio lleno. Hablemos de la otra mitad, que es la que todavía no producimos.

Nuestros rindes están lejos, todavía, de los grandes especialistas en trigo. En particular, los países europeos, encabezados por Francia, donde el rinde nacional está en 74 quintales. En la Argentina recién estamos llegando a magros 30 quintales, aunque con una enorme dispersión: hay productores que ya se estabilizaron por encima de los 50 y varios que ingresaron al club de los 100 quintales en los fabulosos campos del sudeste, entre Chapadmalal y Necochea.

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"Del otro lado de la cordillera apareció el tambo del futuro"

En Chile, el Primer Congreso Latinoamericano de Ordeñe Robótico mostró por dónde viene el crecimiento productivo. Estabulación, robótica y mucho más.

Venimos con mucha gimnasia de congresos en los que es más interesante el intercambio (“networking” que le dicen…) en los pasillos (“coffee breaks” que les dicen) que lo que se aprende en las conferencias. Pero este Primer Congreso Latinoamericano de Ordeñe Robótico organizado por DeLaval, que tuvimos la oportunidad de compartir esta semana en Los Angeles (Chile) rompió todas las estructuras. Evidentemente, el “VMS” (Volunteer Milking System) es una tecnología tremendamente convocante. Hay más de cien robots ya funcionando, pero la cifra se va a duplicar en el 2019, con 40 proyectos que involucran 240 nuevos VMS, cada uno para módulos de 60 vacas.

De la mano de Marcelo Catalá, responsable de grandes proyectos y robótica de DeLaval (líder mundial en equipos de ordeñe) los 180 asistentes de todos los países de la región no se perdieron una conferencia, y los breaks resultaron cortos para seguirla. Como también resultó corta la minuciosa visita al tambo de Ancali, allí cerca, hoy el más grande del mundo en esta nueva tecnología: 64 robots ordeñando más de 3000 vacas con un promedio de 42 litros de leche por día.

Ana Fernández Mouján junto a los hermanos Martín y Gastón Brito, que en Córdoba se están lanzando al tambo robotizado con fábrica de quesos incluida.

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"El agro, filtro ambiental"

Editorial del Ing. agr. Héctor Huergo en Clarín Rural del 24 de noviembre de 2018"

Los agroalimentos deben generar confianza entre productores y consumidores.

 

El agro en general y la ganadería en particular están siendo objeto de un ataque feroz a nivel global. Hundidos en nuestras propias tribulaciones, a veces no percibimos al enemigo más peligroso, que ataca desde distintos frentes con un común denominador: zapar las bases ancestrales de la confianza entre agricultores y consumidores.

Un frente es la tecnofobia. Otro, la apelación a emociones fáciles como “los derechos de los animales”. Y finalmente, el impacto ambiental de la producción agropecuaria. La onda nació en la vieja Europa, hace 50 años, cuando los estudiantes del mayo francés (que tanto nos marcaron en nuestras propias y dolorosas rebeldías) dejaron el romance de las barricadas y devinieron en “ecologistas”. El líder de aquella revuelta fue Daniel Cohn-Bendit, quien desde 1994 es eurodiputado y portavoz del Partido Verde Europeo. Atrás de su discurso, anida la idea de que “el capitalismo no da más” de hace medio siglo.

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"El avión del campo no para"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 10 de noviembre de 2018

En Brasil, ya está rodando un pedido de aplicar derechos de exportación del 10% para el poroto “crudo.

En una semana jalonada por el paro salvaje de Aerolíneas, el absurdo de la escalada contra Uber y otras tribulaciones que siguen mellando el ánimo de los argentinos, el campo volvió a albergar unas cuantas buenas noticias. Repasemos.

La primera: el miércoles en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el sub secretario de Agricultura Luis Urriza dio a conocer la primera estimación de la cosecha 2018/19. Vaticinó que alcanzará las 140 millones de toneladas, un récord absoluto. Es cierto, falta mucho y el tiempo tiene que acompañar. El único dato cierto es la superficie sembrada de cada cultivo. Con que se den los rindes de tendencia, lo que es muy probable frente a la coincidencia de todos los pronósticos climáticos (se va afirmando la tendencia a un año “Niño”), se alcanzaría fácilmente esa cifra.

A los productores no les gusta mucho ser buena noticia ni que se hable de cosecha récord. Agobiados por la presión impositiva, sobre todo después del regreso de las retenciones, el aumento del inmobiliario (en particular en la provincia de Buenos Aires), o la alícuota de Ingresos Brutos, temen que la buena noticia se convierta en un nuevo bumerán. Pero debiera sacar pecho, mostrando que a pesar de los mordiscos es el único sector de la economía que puede seguir dando campanazos.

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"Detrás de la polvareda, el mundo"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín del 27 de octubre de 2018

La soja de Estados Unidos ahora tiene un arancel del 25% para ingresar a los puertos chinos, como el de Nantong.

Las urgencias levantan tal polvareda que nos impiden ver el horizonte. Mientras resolvemos nuestras cuitas, el mundo, que por cierto está también bastante complicado, está dando señales claras de por dónde va la cosa. Vayamos al grano.

El primer grano es la soja. El principal producto de la economía argentina, generador de un complejo que —con embarques por 20 mil millones de dólares anuales— hizo viable al país. Pero que para el imaginario colectivo es un yuyo, y para la política económica es simplemente una fuente (¿inagotable?) de dólares y recursos fiscales. Sin embargo, que la soja se está convirtiendo en una cuestión estratégica a nivel mundial es un hecho subrayado con gruesos trazos de evidencias.

Esta semana se agudizó la guerra comercial entra las dos grandes potencias del siglo XXI (Estados Unidos y China), que como sostiene Jorge Castro es sólo una expresión de la lucha por el poder a nivel planetario. Y la soja es el eje del conflicto.

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"La bravata de la semana"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 13 de octubre de 2018

fuente: https://www.clarin.com/rural/bravata-semana_0_oU0CHrF6M.html

El dirigente sostuvo que “Argentina necesita con urgencia terminar con quienes saquean al país vendiendo productos primarios, en lugar de generar empleo produciendo y exportando trabajo argentino”.

 

Massa recorrió ayer la planta de de Dow Chemical en Bahía Blanca.

“Argentina necesita con urgencia terminar con quienes saquean al país vendiendo productos primarios, en lugar de generar empleo produciendo y exportando trabajo argentino”. La bravata fue lanzada por Sergio Massa, tras visitar la planta de Dow Chemical en Bahía Blanca. La dejo picando, como para intentar una disección meticulosa.

Dejemos de lado el tono innecesariamente agresivo y belicoso y vayamos al grano. Seguramente se refirió a los productores del campo, cuando dijo “Quienes saquean al país vendiendo productos primarios”. Dice el diccionario que el saqueo, también llamado pillaje, es la toma o el apoderamiento ilegítimo e indiscriminado de bienes ajenos: por la fuerza, como parte de una victoria política…Para el ex prominente funcionario K, los chacareros saquean al país cuando venden trigo, maíz, soja o carne. Señor, mientras usted habla, los productores están enterrando miles de millones de dólares, rescatados con mucho esfuerzo de las fauces voraces de la política, para regenerar el botín del que medran tantos parásitos. ¿O usted cree que los agricultores pampeanos son una tribu de recolectores, con todo el respeto que merecen los pueblos originarios, que sí trabajaban para procurarse su sustento?

El polémico tuit de Sergio Massa en su visita a Dow en Bahía Blanca.

Señor, la vaca no da la leche. Hay alguien que le da de comer a la vaca, alguien que la ordeña, que enfría la leche, que la transporta a la planta donde se pasteuriza, se homogeiniza, se envasa y se despacha al almacén. ¿Ha visto alguna vez un sachet de leche? Bueno, el sachet es de polietileno. Ese grumo blanco que a usted lo conmovió tanto cuando le mostraron cómo el gas se convertía en ese producto tan sofisticado.

Massa, el polietileno es el producto final de Dow. Sin embargo, es una simple materia prima en el proceso de la leche. El sachet cumple su misión cuando se llenó la última mamadera, y se tira (o se recicla). La leche le agrega valor al sachet.

Le cuento algo más. ¿Sabe usted cuál es el principal destino del polietileno que produce esa extraordinaria planta del polo petroquímico de Bahía Blanca? Seguramente ni se ocupó en preguntarlo. Le cuento: es para confeccionar silobolsas. Usted visitó la planta acompañado por la gobernadora de Tierra del Fuego. Ella debe saber que en su provincia está la mayor planta procesadora de plásticos por extrusión (Rio Chico), donde se producen silobolsas para todo el mundo.

El silobolsa es para almacenar granos, ¿recuerda? Un bolsón de esos se consume con el primer uso. Es la definición de insumo. Cuando usted mete 200 toneladas de maíz en un silobolsa, está haciendo lo mismo que con la leche en el sachet. El maíz le agrega valor al polietileno, que no tendría mercado si el “producto primario” no hubiera sido producido.

Sigamos. El polietileno es la fase final de un proceso que arrancó mucho antes, y que también requirió de las fábricas de Bahía Blanca. Por ejemplo, gasoil, producido en las refinerías que le agregan valor al petróleo patagónico. En la Argentina, el mayor consumidor de gasoil es el agro. Para sembrar, proteger los cultivos, cosecharlo y transportarlo.

Le digo más. El “saqueo” hubiera terminado con los suelos. Pero estos muchachos del campo saben, desde hace mucho, que para lograr una cosecha razonable hay que reponer los nutrientes. Algunos, más ambiciosos, van más allá de la reposición. Quieren rindes más altos cada vez. Esto es muy bueno para las fábricas del polo petroquímico, Massa. Al lado de Dow está Profértil, una planta que produce urea.

La urea es un fertilizante nitrogenado. Se construyó para exportar, aprovechando la abundancia de gas de los años 90. A todos les parecía bárbaro, porque íbamos a exportar productos industriales. Resulta que cuando la planta estuvo lista, los chacareros aprovecharon que el dólar que recibían por sus granos era el mismo que cuando compraban insumos. Entonces, se largaron a fertilizar. Consecuencia: en lugar de exportar urea, exportamos más trigo. ¿El país se primarizó?

Diría que no. El trigo le agregó valor a la urea. Por cada kilo de urea que el chacarero hundía en el lote, obtenía 10 kilos de trigo. Diez veces más viajes de camión a puerto, además del viaje de la urea al campo. Eso es empleo generado por los saqueadores.

Además del gasoil y el fertilizante, el campo tiene la costumbre de sembrar con máquinas. Argentina es líder mundial en siembra directa. Hay mucho empleo en las decenas de talleres que las diseñan y las fabrican. Hay laboratorios que producen biotecnología y agroquímicos, necesarios para protegerlos de las plagas. La peor es la ignorancia.

En la Argentina hay vida interior. Se respira aire fresco, semana tras semana, con los encuentros de jóvenes profesionales que irradian conocimiento, lo comparten como esta semana los chicos de Okandú, que como Santiago Lorenzatti han pasado por estas páginas. Es el país real, el que hizo que la Argentina sea todavía más viable que vivible.

Esos chicos, Massa, no se merecían su bravata.

 
fuente:   https://www.clarin.com/rural/bravata-semana_0_oU0CHrF6M.html

"Una corriente de agua que abre surcos" Emprendimiento Hidropónico

Por Héctor Huergo en Clarín Rural del 29 de sptiembre de 2018

fuente:https://www.clarin.com/rural/corriente-agua-abre-surcos_0_7ZNEPC1J6.html

Sebastián Figuerón, el fundador de la empresa, luce orgulloso una de las plantas de lechugas frescas.

Agricultura urbana. Huertas verticales. Techos verdes. Todos los días nos sorprende alguna noticia convocante acerca de las nuevas propuestas para producir y distribuir alimentos. Desde la Casa Rosada, que abastece su gastronomía con las hortalizas producidas en el techo, hasta Whole Foods, la cadena de productos orgánicos adquirida recientemente por Amazon, que hace crecer la lechuga en sus propios locales.

Existe un boom de proyectos de hidroponía que atraen a fondos de inversión en todo el mundo. América del Norte, Asia y Medio Oriente lideran esas inversiones, con fines principalmente alimentarios y medicinales. Había que investigar el tema. A poco andar, alguien nos habló de un emprendimiento hidropónico grande en Uruguay, Verdeagua Hidroponia. “Es uno de los más antiguos y reconocidos de la región”, nos avisaron, y allá fuimos.

Verdeagua tiene su base productiva en Melilla, un punto estratégico de Montevideo, próximo al futuro Parque Agroalimentario. Allí está el invernáculo de 10.000 m2, importado de Francia, con todos los elementos y accesorios para un manejo inteligente (y a la vez sencillo y práctico) del agua y los nutrientes. Adentro, miles de bandejas generando el mosaico multicolor de una parafernalia de hortalizas de hoja, creciendo en un ambiente donde todo está bajo control: la temperatura, el flujo de agua, la luz. No hay un metro cuadrado sin aprovechar, las bandejas fluyen desde una esquina donde se siembran hasta las mesas donde permanecerán hasta la cosecha. De allí van a un galpón de acondicionamiento y empaque, de donde parten diariamente hacia las bocas de venta de Montevideo hasta Punta del Este.

Las hortalizas crecen en ambientes en los que está todo bajo control: temperatura, el flujo de agua y luz. No hay metro cuadrado sin aprovechar.

Todo empezó hace 20 años, de la mano de Sebastián Figuerón y Juan Herrera. Habían aprendido las bases de la producción hidropónica, y vieron que les brindaba la oportunidad de comercializar vegetales hidropónicos listos para consumir.

“De entrada notamos que éramos líderes en calidad, pero siempre nos faltó volumen. Nos pedían más y nos fuimos largando, con aportes de capital de inversores que se sumaron al proyecto. En los últimos años hemos iniciado un fuerte proceso de crecimiento de nuestra capacidad instalada. Comparado con 2016, hoy tenemos el doble de producción, y para 2019 esperamos triplicar nuestra producción actual”.

La cosecha crece juntos con la demanda lista para consumir.

Pruebas al canto: en un campo adyacente, un container espera con el segundo invernáculo, mientras una pala mecánica alista el terreno y lo deja nivelado para que el agua corra como corresponde.

El proceso de producción de Verdeagua consume un 90% menos de agua que la horticultura tradicional. “Estamos implementando un sistema de recolección y tratamiento del agua de lluvia para riego, y planeamos incorporar energía fotovoltaica para prácticamente independizarnos de la provisión de servicios públicos”, agrega Figuerón. Una pequeña represa, entre el galpón actual y el que viene, almacena el agua de lluvia.

El mayor crecimiento de la demanda les llegó por el lado de los vegetales listos para consumir. Su producto insignia se comercializa bajo la marca “Inspirada”, y consta de una selección de hojas de lechuga Salanova listas para consumir; lechuga común, rúcula y un topping que cambia según la presentación.

Comercializa su producción en Uruguay a través de una reconocida cadena de 12 supermercados boutique. Para alcanzar el nivel de calidad que exige esta cadena, trabajan exclusivamente con materias primas de producción propia. Quizá aquí radique una de las grandes ventajas competitivas de producir “sin suelo”: “Nuestro proceso 100% hidropónico y el posterior sanitizado aseguran la altísima calidad y la inocuidad de todos nuestros productos”. Los envases cuentan con un código QR “con lo que el consumidor puede acceder a la trazabilidad del proceso de producción de cada paquete que adquieren”, destaca Figuerón.

Control de procesos. Uno de los desafíos es formar recursos humanos.

La empresa se ha certificado en Uruguay como Empresa B. Son las que se caracterizan por tener un triple impacto, en desarrollo económico, social y protección del medio ambiente. “La empresa ofrece productos de la más alta calidad, con un gran proceso humano y de protección del medio ambiente de por medio”, comenta Diego Giay, uno de los argentinos que se incorporó a Verdeagua con la misión de escalar el negocio.

“El equipo de trabajo, que está compuesto en un 70% por mujeres, está muy comprometido e identificado con la empresa y eso lo demuestra el altísimo nivel de presentismo que tenemos, un hecho destacable en el ámbito rural”, agrega Giay, un joven abogado oriundo de Arrecifes que trabajó once años en el Estudio Marval y O’Farrel. Se especializó en Agronegocios, viajó a Estados Unidos y se enamoró de la hidroponía. Buscando qué hacer, conoció Verdeagua y…aquí está.

“Nuestra aspiración en el corto plazo es comercializar los productos en el Mercosur, y en el mediano plazo afianzarse como el líder regional en el diseño y operación de proyectos hidropónicos a escala comercial”, comenta Giay.

Uno de los mayores desafíos del sector es la formación de recursos humanos que puedan operar exitosamente proyectos a escala comercial. A diferencia de las huertas hogareñas y pequeños proyectos productivos, los proyectos a escala comercial tienen una curva de aprendizaje muy alta debido a las vicisitudes y complejidades propias de la escala, y de la diversidad de negocios que involucra: producción, comercialización y logística.

Verdeagua comercializa su producción en Uruguay a través de una cadena  de 12 de supermercados boutique.

Otro de los grandes desafíos es la ausencia de capacidad instalada disponible, dado que la selección de proveedores y construcción de la infraestructura necesaria es un proceso que puede demorar años.

Iniciativas quegeneraninversiones

Entre las llamadas “startups” de alta tecnología en la agricultura, hay tres rubros infaltables: las aplicaciones para el manejo de Big Data, las propuestas de carnes sustitutas, y las huertas hidropónicas en todas sus variantes. Todas estas iniciativas están despertando interés dentro y fuera del sector, generando un interesante flujo de inversiones.

Hace veinte años, en una visita a la República Popular China, Clarín Rural visitó una imponente fábrica de lechuga. Un invernáculo de vidrio de cinco hectáreas, al lado de Shangai, donde solo trabajaban diez personas: un candiense, proveedor de la tecnología, y el resto chinos. Llamaba la atención el grado de automatización en un país que, en aquel momento, parecía que su ventaja competitiva era la amplia disponibilidad de mano de obra. Quizá por ellos nos haya parecido en aquel momento una curiosidad, antes que un planteo productivo realista.Pero los escenarios cambian. La tecnología del plástico permite levantar invernáculos mucho más económicos. Se sabe mucho más de nutrición y manejo para producir sin suelo. Los requisitos de un trabajo más humano, sin vivir agachados, un uso eficiente del agua y la superficie. Una menor necesidad de tratamientos de control de plagas, el avance de la genética, la búsqueda de maduración y productos uniformes. Unos cuantos argumentos como para pensar que la hidroponía tiene futuro. Al menos, en Uruguay ya tiene presente.

 

 

 

 

 

 

"Es la Soja estúpido"

Editorial de Héctor Huergo en Clarín Rural del 29 de septiembre de 2018

fuente:https://www.clarin.com/rural/soja-estupido_0_MJSsBVM9V.html

La producción de soja está estancada en la Argentina desde hace diez años y por la falta de un marco jurídico actualizado se demora la adopción de nuevas tecnologías

La sombra doliente de las retenciones vuelve a posarse sobre la pampa argentina. Cuando parecían digerirse los deletéreos efectos del regreso de los derechos de exportación, con el paliativo de que “por lo menos esta vez son para todos los sectores”, un artículo del proyecto de ley de Presupuesto 2019 puso nuevamente en tensión a las cadenas agroindustriales. Es el que faculta al Poder Ejecutivo a elevarlas hasta un 33%, “en caso de necesidad”, sin muchas especificaciones.

Quienes redactaron este artículo parecen ignorar lo elemental. Más allá de dejar expuesta la intención de seguir a los mordiscones (seguramente con el agro en primer lugar, porque, ya sabemos, es el botín más tentador), lo que los autores no perciben es el daño que agregan al funcionamiento del sector.

Se ve que no tienen idea de cómo operan los mercados, ya de por sí bastante volátiles. Pero una cosa es la volatilidad intrínseca del negocio, donde inciden desde los pronósticos meteorológicos en todo el mundo, hasta el humor de Trump y sus belicosos arrebatos. Y otra muy diferente es agregar la incertidumbre del manipuleo de los derechos de exportación.

Ya teníamos bastante con la incertidumbre cambiaria, que se puede arbitrar en los mercados del dólar futuro. El flamante titular del Banco Central fijó una banda de flotación, con epicentro en los 40 pesos y un ajuste del 3% mensual, lo que daba algún horizonte. Pero el agregado de esta suerte de retenciones ad libitum infecta a todo el sistema de coberturas con el virus de la discrecionalidad.

Vale la pena repasar dónde estamos parados. Esta semana hubo dos eventos de extraordinaria importancia: el lanzamiento de la campaña 2018/2019 en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, y el Seminario de Acsoja en la Bolsa de Comercio de Rosario. Los viví muy de adentro, y muy intensamente, porque me tocó moderar dos paneles cruciales, con actores de primera línea en la cadena de la soja, que es la madre de todas las batallas.

La soja, de la noche a la mañana, se había convertido en la abanderada de la Segunda Revolución de las Pampas. El uno a uno de la convertibilidad generó enormes dificultades de adaptación en el segmento de los productores. Pero desató una corriente fenomenal de tecnología y fue un enorme impulso a la inversión. Ahora había un solo dólar para todo lo que se compraba y para todo lo que se vendía. Era algo nuevo, porque antes entre retenciones y cambios múltiples, equipos e insumos se pagaban carísimos en términos del producto obtenido. La producción era defensiva, “extensiva”, se tendía a producir a base de tierra, el insumo que siempre estaba, pero cada vez más deteriorado.

Así, la Argentina pudo captar todos los atributos de la nueva tecnología, desde la genética en semillas hasta la mecanización, pasando por la protección y nutrición de los cultivos. La soja, que se había estancado en las 15 millones de toneladas, cantó las 40 apenas diez años después.Y siguió subiendo, por inercia y por la ayuda de buenos precios internacionales, cuando la crisis del 2002 llevó a aplicarle derechos de exportación. Primero, del 10%. Enseguida, el gobierno de Nestor Kirchner las llevó al 20. Luego, al 27, y al final de su mandato, al 35 para dejarle la mesa servida a su sucesora. El intento de las retenciones móviles fracasó, pero quedaron en el 35%.

La concepción del “yuyo” generó la imagen de que no pasaba nada, que igual la soja seguiría fluyendo. Como además había retenciones del 20% para el maíz y del 23% para el trigo, a los que se sumaban las restricciones a la exportación, la soja fue la única alternativa. Pero todo se estancó. El gobierno K había puesto el pie en la puerta giratoria y terminaría agonizando por falta de divisas.

La administración Macri cambió la tendencia. Liberó el tipo de cambio y eliminó las retenciones a los cereales. Y hubo una explosión. A la soja le prometieron una reducción. No pudieron cumplir. El estancamiento se hizo más evidente. Hace diez años que no podemos despegar de las 50 millones de toneladas. Grave para el principal producto exportable de la Argentina, que llegó a aportar más de 20.000 millones de dólares por año.

Y ahora no solo se insiste con la gabela, sino que se eliminó el diferencial arancelario del 3%, un pequeño premio al agregado de valor, pero suficiente para haber convertido a la Argentina en el primer proveedor mundial, con un extraordinario flujo de inversiones en plantas de crushing y puertos sobre el Paraná.

En el Seminario de Acsoja de la BCR el empresario Roberto Urquía mostró el impacto deletéreo sobre toda la cadena de esta decisión extemporánea. Hoy todos los países del mundo, desde los competidores en el rubro hasta los consumidores, han recibido un inesperado impulso a la idea de llevarse el trabajo a su casa. Destrucción sin nada a cambio, porque ni el gobierno ni los productores van a mejorar sus ingresos por esta medida, que el directivo de AGD llamó a rever de inmediato.

El estancamiento sojero tiene otra vertiente. Se ha erosionado patéticamente el mejoramiento genético. La falta de un sistema de protección de la propiedad intelectual determinó un estado de conflicto permanente entre obtentores y productores.

El tema viene de lejos, pero la administración Macri ya lleva tres años. El MinAgro, en manos de los productores, no ha exhibido avances sustanciales en un tema que está generando un creciente atraso y un enorme lucro cesante. El lucro cesante es la variable más difícil de medir. Pero la de efectos más devastadores.

Estamos estancados, y es la soja.

 

Wageningen, la "ganadrería circular"

Editorial del INg. Agr Héctor Huergo en Clarín Rural del 22 de septiembre de 2018

Fuente: https://www.clarin.com/rural/wageningen-ganaderia-circular_0_Ym3_OxJXF.html

Producción de biogás en un feedlot. El Establecimiento Los Corrales de Nicanor, ubicado a 30 kilómetros de Reconquista, Santa Fe está asociado a las boenergías.

El Diálogo sobre el Futuro de la Agricultura, que se realizó esta semana en la sede central de Bayer en Monheim (República Federal Alemana), no solo permitió conocer la visión de la compañía, apenas tres semanas después de haber finalizado la compleja operación de compra de Monsanto.

Los directivos de Bayer abrieron el juego, incluyendo una visita a la señera Universidad de Wageningen (en Países Bajos), un verdadero think tank en materia agrícola, que estaba celebrando sus primeros cien años de vida. Allí recibimos un baño de información sobre las tecnologías que vienen, desde la robotización de invernáculos hasta el fascinante mundo de los biomateriales.

Pero quizá el punto de mayor interés haya sido la presentación y posterior debate sobre la “ganadería circular”, un paradigma que se interpone entre dos relatos (“narrativas” fue el excelente y más sugerente término utilizado por la investigadora Hannah Van Jasken). Uno es el del productivismo, más próximo a nuestra visión. El otro, el de los consumidores que cuestionan la alimentación con proteínas animales, con argumentos ambientales y emocionales.

Los productivistas sostienen que el costo ambiental de la ganadería se reduce con un incremento de la eficiencia. Hannah le dio la razón. Pero remarcó que una ganadería de mayor productividad sigue consumiendo una gran cantidad de recursos (fundamentalmente hectáreas de tierra). Ha tomado fuerza el antagonismo “food vs. feed” (comida para los humanos vs comida para los animales), que no se resuelve con el hecho de que los avances de la ciencia hayan permitido mejorar la eficiencia de conversión.

Por el lado de los consumidores anti proteínas animales, la experta señaló que la humanidad se desarrolló sobre la base del su consumo, y que las dietas vegetarianas tienen limitantes nutricionales. Y observa que al mismo tiempo que crece la población vegana, también aumenta el consumo de carnes de todo tipo, lo que genera presión sobre los recursos.Entre ambos paradigmas, la investigadora de Wageningen instala el de la . “ganadería circular”. Incorpora la idea de la eficiencia en todo el proceso, desde la cría hasta el engorde. Pero también la alimentación con otros recursos, en particular los co-productos de la industria de fermentación. Mostró que la poderosa industria cervecera de Países Bajos ha contribuido de manera sustancial con la provisión de las heces de malta en la emblemática industria lechera holandesa. Lo mismo con el afrechillo de la molienda de trigo, y los deshechos de la remolacha y productos hortícolas. Esto implica la solución de un problema de efluentes, valorizándolos a través de la cadena de proteínas animales

Incluyó en esta ganadería circular la captura de los efluentes, tanto para reducir la contaminación por nitratos y fósforo. La producción de bioenergía y el riego con el sustrato rico en minerales que queda luego de la fermentación de la bosta han tomado un enorme protagonismo. El círculo se cierra con la utilización de subproductos de la industria ganadera en otras actividades.

La buena noticia es que en la Argentina, casi sin darnos cuenta, ingresamos en la era de la ganadería circular. Ya lo hemos remarcado en estas páginas: el cluster etanolero del centro de Córdoba no solo significó una mejora para el precio del maíz en la región, absorbiendo el flete a puerto. También está dando lugar a un encadenamiento productivo que reúne todos los atributos de la eficiencia tecnológica y ambiental. Quizá sea el momento de pensar en ponerle un sello distintivo a todo este desarrollo virtuoso, agregándole a la tradicional calidad de nuestra carne el certificado de calidad ambiental.

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